Un experimento de tan positivo resultado como de brillante realización, el llevado a cabo por el Cuarteto Takács y el conjunto Muzsikás, junto con la vocalista Márta Sebestyén, en la Filarmónica de Bilbao, el lunes. Se trataba de localizar las raíces populares en la música de Bela Bartók, lo que en teoría no parece tan sencillo. Para ello, el conjunto de música popular Muzsikás, integrado por intérpretes tan diestros como invadidos por el espíritu de sus propias raíces, comenzó con las ‘‘Danzas de Transilvania’’, para continuar con melodías para flauta larga, ‘‘Danzas del Rebaño de cerdos, Ugros y Czardas’’, con intervenciones vocales de M. Sebestyén. Tras esta introducción, con la que el público estaba ya metido en onda, se pasó a la interpretación del Cuarteto n.4, de Bartók, por el Tákacs, introduciendo entre un movimiento y otro de esta obra vetas populares. Así, tras el Allegro inicial tocado por el Cuarteto, miembros del Muzsikás ofrecieron Danzas de Moldavia; tras el Praestíssimo bartokiano llegó la ‘‘Melodía del Pavo Real’’ cantada por M. Sebestyén que ‘‘tuvo continuidad’’ en el Non Troppo Lento del Cuarteto, a lo que siguieron las ‘‘Danzas de Gimes’’, antes de finalizar con los dos últimos movimientos de la obra de Bartók. La simbiosis de la música popular y la personal de Bartók resultó clarísima, tanto en el plano dinámico como en el melódico (obviamente, la afinidad no llega al componente armónico, si bien los giros populares no adulterados incitan también a armonías no muy convencionales). El hecho de que los turnos de lo culto y lo popular y viceversa se produjeran sin pausa ayudó a asimilar mejor esta integración de ambas músicas.
La segunda parte resultó aún más directa, ya que en ella se combinaron los Dúos de Violín, de 1931, de Bartók, así como la ‘‘Sonatina’’, de 1915, con las melodías originales, a lo que siguió la bellísima Balada del pastor muerto, por la Sebestyén y Muzsikás, finalizando con las ‘‘Danzas Populares Rumanas’’ (1915) con las canciones originales, acentuándose aquí el parentesco entre lo popular y lo culto y repartiéndose entre ambos la inmensidad de la poesía y de la vitalidad musical. Tanto el Cuarteto Takács, ya conocido entre nosotros, como el conjunto Muzsikás y la vocalista M. Sebestyén se despidieron frente a bravos y ovaciones poco comunes. Esta experiencia de la Sdad. Filarmónica, una joya. |