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Umm Nidal Farhat, una de las candidatas de Hamas, posa con dos de sus diez hijos. Otros tres murieron a manos del ejército israelí. Afp |
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Una broma de la historia
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El triunfo de Hamas en las elecciones palestinas supone un giro en la política internacional. Uno de los miembros más destacados de la lista de organizaciones terroristas se convierte en Gobierno.
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Juan Carlos Latxaga
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A VECES LA HISTORIA GASTA estas bromas y quien se acuesta terrorista se levanta primer ministro. No es la primera vez que sucede, así que tampoco cabe hacerse de nuevas. Hamas, uno de los más ilustres socios de la famosa lista de organizaciones terroristas que impulsó EE.UU. a raíz del 11-S, y en cuyo ideario figura a modo de frontispicio la necesidad de destruir el Estado de Israel, ganó las elecciones palestinas limpiamente en las urnas, sin que los cientos de observadores internacionales que vigilaron el proceso pusiera la menor objeción. El pueblo palestino les ha elegido como gobernantes. De las razones de tal elección deberían dar cuenta los dirigentes israelíes o el propio Bush, empeñados durante tantos años en conducir a los palestinos al callejón sin salida de la desesperación, diciendo una cosa en los foros internacionales y haciendo otra bien distinta sobre el terreno. Hace bien poco, el embajador de Israel en Madrid se felicitaba en una entrevista de la desaparición física de Arafat, a quien consideraba un escollo insalvable para el proceso de paz. Arafat murió ninguneado por Israel y por no pocos palestinos, probablemente por la mayoría de los que ayer votaron a Hamas.
Mientras los triunfadores en las urnas se quitan la capucha y se ponen a gobernar, Bush tendrá tiempo para reflexionar, si es que conoce el significado del verbo, sobre su exitosa política de democratización a bombazos de la zona más caliente del planeta. Hizbolla en el Líbano y Ahmadineyad en Iran deberían agradecer públicamente a Bush sus desvelos como agente electoral. Gracias a la política americana, el islamismo radical triunfa en las urnas y va cubriendo con su velo no sólo las caras de sus mujeres, sino países enteros a los que un día les vendieron espejuelos diciéndoles que eso era la democracia.
Así que aquí estamos, con una organización oficialmente terrorista convertida en Gobierno con la bendición de las urnas. ¿Seguirá en vigor la lista o por el contrario, las democracias occidentales concederán a Hamas una excedencia al menos mientras ocupen el Gobierno de Palestina? ¿Tratará Hamas de cumplir desde el Gobierno su objetivo de destruir el Estado de Israel declarándole la guerra? No son cuestiones menores y aunque cosas más raras se han visto en la política internacional, parece que esta vez no cabe rizar más el rizo. La Historia gasta a veces esa clase de bromas que te hielan la sonrisa. |
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