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Wilber García, junto a un cartel de la coordinadora para Centroamérica de Arco. Zigor Alkorta |
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«La mara me ofrecía cosas que nunca tuve: comprensión, respeto, amor... pero sufrí mucho en ella»
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Wilber García Ex pandillero de la mara Salvatrucha, una de las principales y más violentas pandillas juveniles de Latinoamérica
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A. Atxutegi Bilbao
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Nació en uno de los barrios más humildes de Guatemala capital. Con sólo 10 años, Wilber García ingresó en la mara Salvatrucha, una de las principales pandillas juveniles en el país. Para entrar, tuvo que recibir una paliza. Es parco en relatar las situaciones que vivió, «tengo demasiados recuerdos duros». Pasó 13 años formando parte de ella y ahora cuenta su experiencia en colegios e institutos. «Hay que prevenir que se metan en pandillas. Pobres chicos...». Wilber sabe perfectamente lo que supone una de esas bandas que, ahora, se instalan en las ciudades del Estado español.
¿Cómo entró en la mara?
Hay muchos, muchísimos grupos, en cualquier lugar de la república sobre todo en barrios pobres, donde vive la gente más humilde. Como las familias son muy numerosas y pobres, los chavales ingresamos en las pandillas desde los 10 ó 12 años.
¿Por qué?
Por problemas con nuestros papás y nuestras mamás, porque nos pegan mucho. Escapamos de eso y encontramos a la familia.
¿La mara?
Sí. Yo entré con diez años.
¿Era algo normal?
Sí. Aquí se ve como algo alarmante, como un cáncer social que nos está enfermando... Pero para yo pensaba que era una forma de dar una oportunidad a estos chavales. No se les obliga a pertenecer; ellos llegan y como alguno ya ha pasado por ese tipo de problemas, se les comprende, aunque sepan lo que va a pasar...
¿Se hacen pruebas para entrar?
Palicitas duras...
¿Cuál fue la suya?
(...) Me dieron una paliza. Pero también participé en cosas no tan malas, porque... Las pandillas tienen sus defectos, pero también sus cualidades: es gente muy inteligente, que con buenas oportunidades y buena educación se pueden lograr muchas cosas productivas y positivas de ellos. Ellos se organizan para su propio bienestar. Son chavales fieles; la fidelidad me alegraba y me admira todavía.
¿Cómo era su día a día?
Con tan poca edad no podía trabajar porque no iba a ganar lo suficiente. Nos la rebuscábamos para comer y sobrevivir.
¿No iba al colegio?
No. A leer y escribir aprendí en la cárcel.
¿Qué le aportaba?
Respeto, amor, comprensión, protección, cariño... Cosas que nunca tuve.
¿Cuántos años estuvo?
Trece.
¿Eran muy violentos?
Sí. Pero es algo que vives desde pequeño y la aplicas en todo. No disfrutas, sufres, eres un ser humano, pero no es extraño para ti.
¿Cuál es el recuerdo más duro que tiene?
Muchos, demasiados... Con 15 años me preguntaba por qué no tenía familia, por qué no me quieren... Pero era como un soldado que en lo único que piensa es en la guerra. Trataba de transformar ese sentimiento para endurecer mi corazón.
¿Pasó malos momentos?
Muchísimos. Para hablar de 13 años necesitaría horas y horas... Realmente se sufre. Y hay muchas formas de sufrir; a veces, hasta los golpes son mejores que el sufrimiento psicológico o sentimental que uno puede sentir.
¿No se planteó abandonarla?
Nunca. "Hasta que la muerte nos separe". Ellos me defendían, me ayudaban, me preguntaban mi opinión sobre ciertas cosas... Cuando me tomaban en cuenta me sentía importante. Hacíamos cualquier cosa por la causa.
¿Tuvo problemas con la justicia?
Sí, muchos. Y algunos sólo por mi apariencia, por la discriminación, que era terrible. Y eso iba llenando de rencor nuestros corazones.
¿Por qué decidió salir?
Fui madurando. Crecí, mi cerebro fue evolucionando y me di cuenta de que podía atender mi vida correctamente y ser útil para cualquier sociedad.
¿Fue duro salir?
No. Para mí fue un logro como para cualquier persona dejar de fumar de un día para otro... Es un logro impresionante.
¿Creía que le iba a costar más?
Sí. Yo a estas personas las amo, porque son parte de mi vida, me crié con ellos. Si hicimos el mal fue inconscientemente, si lo hacíamos era inconscientemente, obligados por las circunstancias que vivíamos. Por ese amor que siento por ellos es por lo que trato de colaborar en estas actividades para ayudar.
¿Les permitían abandonarla?
Sí. Por ejemplo, si algún chaval quería ser religioso. Pero si eran mentiras... No hay tanta libertad como decir "hoy quiero, mañana no". Yo regalé 13 años de mi vida, lo justifiqué y me dejaron. |
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