Iñaki Gabilondo entrevistó ayer al presidente del Gobierno español en horario de máxima audiencia. Las entrevistas de este calibre suelen estar pactadas con antelación, y tal y como está el patio político, Gabilondo tenía un caramelo informativo, un reto que si no fuera por ser él no le correspondería a un periodista con una cuota de audiencia tan discreta. Fue una entrevista relajada, con crítica amable sin concesiones, con una predisposición a la pedagogía política que tanto le gusta al político leonés. En definitiva, el encuentro entre las dos personalidades (Zapatero y Gabilondo) no visualizó la crispación extrema a la que está llegando la opinión periodística. Por poner sólo un ejemplo, la locutora Cristina López Schlichting, de La Cope, acusó a Zapatero de romper con la estructura de España de hace 500 años. ZP le dijo al periodista donostiarra que el Estatut no rompe con la arquitectura constitucional. Estructura o arquitectura, ¿quién nació primera? Qué diría el fallecido filósofo francés Derrida. Gabilondo transmite mayor seguridad en las entrevistas a corta distancia, sin tener que mirar a la cámara para dar noticias, desde un punto de vista transversal. Es ahí donde se agiganta.