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A lo mejor es al revés
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Iñaki González
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Comentan por ahí que en el Ministerio de Defensa andan preocupados por la escasez de vocaciones militares. En el siglo de las ONG y el compromiso social no se lleva el ardor guerrero. La eliminación del modelo de reemplazos ha puesto de manifiesto que, más allá de determinadas adhesiones inquebrantables que el servicio de armas aún despierta en ciertos ambientes, el servicio militar obligatorio no pasaba de ser una versión moderna del viejo sistema de levas. Y pasó lo que tenía que pasar: lo que el corazón no sugiere, lo demanda a gritos el estómago. El Ejército profesional subió los sueldos para ser más atractivo. Ni por esas. Redujo el coeficiente intelectual mínimo exigible al individuo que quiera echarse al hombro un arma de asalto. Algo se amplió la demanda. Y, por último, ofreció la enriquecedora experiencia castrense a quienes no tenían otro modo de obtener papeles con los que legalizar su estancia en el Estado. Pan para hoy, hambre para mañana. Las Fuerzas Armadas españolas deambulan víctimas de la inanición de voluntarios. El ministro Bono ha tenido otra ocurrencia con la que espera mejor suerte: quienes paseen con el "chopo" marcando el paso tendrán después prioridad en el acceso a plazas de Policía local en aquellos municipios que suscriban un acuerdo con el Ministerio o, si su vocación es de empresario, recibirán ayudas extraordinarias para constituir su empresa. Falta que les pongan piso, como a los futbolistas, pero se me antoja que a lo mejor lo que le hace falta a la sociedad, precisamente ahora, es emprendedores que activen el tejido económico. Y luego, si el cuerpo se lo pide, facilitarles el acceso a la milicia. A ver cuántos van. |
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