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Popurrí político
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José Ramón Scheifler
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El Estatuto catalán ha ocupado la atención de los políticos y medios, aumentando el ruido público hasta la estridencia y el cansancio. ¿Hasta qué punto nos afectará?
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La política del día a día del Gobierno y de la ciudadanía gira en un círculo más pequeño pero más sensible que la alta política del Estado. Ésta se resiente del encaje territorial y multinacional del Estado no resuelto adecuadamente en siglos de historia. Su solución es y será cada vez más apremiante por exigencias de derecho y democracia. Y más costosa cuanto más tiempo se desperdicie.
El Estatuto catalán ha ocupado la atención de los políticos y medios, aumentando el ruido público hasta la estridencia y el cansancio. El último movimiento de Artur Mas, líder de CiU, puede considerarse una jugada política hábil. Fuera del tripartito que redactó el Estatuto, se vio obligado a admitirlo. Llegaba el último. Sin embargo, antes de la meta supo ponerse el primero puenteando a todos los demás, es especial a Carod Rovira y su ERC. Pactó directamente con Zapatero un texto a su medida. Aceptado por el socialismo catalán e Iniciativa, quedaba fuera Carod y su ERC. Ante Rajoy desaparecía la imagen de los independentistas; Mas y CiU recobran la primacía de su protagonismo arrebatada. Se me escapa la política profesional. Eso no me impide considerar la partida de Mas como una jugada sucia.
También es verdad que el nacionalista Carod prefirió dar la Presidencia de la Generalitat a los socialistas, dejando a los nacionalistas de CiU, el partido más votado, en la oposición. El acto de Carod se considera «políticamente correcto». A mí no me gustó. Me parece más democrático y coherente apoyar al más votado, como hizo EHAK con Ibarretxe. CiU supo aguantar. Llegado el momento, se sacó la espina de forma «políticamente correcta».
La humillación le toca ahora a Carod y ERC. Su "no" a lo pactado por Mas es más acorde, también lo más natural. Reconoce en el texto -sin contar la financiación- 116 aspectos que «no se parecen ni por casualidad al salido del Parlament el 20 de setiembre». Quiere presentar 80 enmiendas, si no se admiten dará su "no" al Estatuto, permaneciendo, sin embargo, en el Gobierno. ¡No va a dar gusto a Mas! Ahora es Maragall quien le niega esta última posibilidad. Al fin, ¿acabará Carod tragándose el sí con sapos y culebras?
El Estatuto ha supuesto un alto coste político para Zapatero, como persona y político: «Aprobaré el Estatuto como salga del Parlamento catalán». Lo pudimos escuchar todos. Ahora niega haberlo dicho: «Quedará limpio como una patena». El terceto popular ha atronado su inconstitucionalidad y soliviantado las más rancias esencias españolas, coronando con los epítetos más negativos del diccionario, incluso insultantes, la cabeza de Zapatero. Es una incógnita hasta qué punto estos recursos extremosos y populistas atraen votos o, más bien, en sociedades medianamente cultas, los espantan cuando sus líderes se rebajan tanto. Se ha anunciado que la Convención del PP, el 3 de marzo, tendrá como figura inaugural a José María Aznar. ¿Supone eso un retroceso a los viejos hábitos que más de 30 años después no acaban de desaparecer? No es extraño que el acosado Zapatero haya necesitado de un confortable baño de multitudes asegurando la españolidad de las dos ciudades autónomas en territorio marroquí.
Es inevitable pensar ahora en el País Vasco. ¿Hasta qué punto nos afectará? ¿Ha fijado el Estado su listón límite? Catalunya es mayor y más importante que el País Vasco, pero nuestro problema, método y solución difiere del suyo. ETA no es ninguna de esas tres cosas, pero las agrava y dificulta. Llevamos más de un año abrigando deseos y esperanzas en torno a las tres que no acaban de prender. Ni siquiera de calentarnos. Y los últimos acontecimientos son tan fríos como los climáticos.
Se dice que el trabajo de cocina marcha, estaría casi acabado. Batasuna y los socialistas mantienen relaciones. La vicepresidenta primera del Gobierno español, Fernández de la Vega, reconoce «cambios significativos en ETA y su entorno». Se le exige su cese definitivo ya. ETA no está aún por la labor pese a sus más de dos años sin atentados mortales. Ni lo estará. Puede matar. Afirmó haber dado un signo de buena voluntad al no atentar contra cargos socialistas ni populares. Está a la espera de que el Gobierno español mueva ficha, pero nada se mueve en la política penitenciaria.
Por otra parte, el acoso a Batasuna aumenta. Contra el parecer del fiscal general del Estado y del jefe del Gobierno, su congreso de refundación fue prohibido. Batasuna se declara por los medios exclusivamente democráticos; sin embargo, las tres palabras clave son para ella más que tabú, no las pronunciará nunca. El fiscal general del Estado acaba de imponer su retirada a Fungairiño, fiscal jefe de la Audiencia Nacional, fiel dutante muchos años a la conocida política del juez Garzón. ¿La continúa el juez Grande-Marlaska? Enjuiciado Otegi, sigue prometiendo y anunciando flores y frutos que no llegan. Por si todo esto fuera poco, ¿son ahora oportunas las polémicas ente el líder de Batasuna y el presidente de EBB del PNV?
Con razón reaparece Ibarre-txe para levantar las pesas del reloj. Hay que ganarle al tiempo con hechos. La mesa de todos los partidos sin exclusiones se presta a discursos y aplausos, pero hay que trabajarla desde abajo. No depende de que uno ni dos lo quieran. ¿Quiere el PP que ETA desaparezca, que se encarrile el conflicto vasco, si los resultados no coinciden con su cuadriculado mapa de la indisoluble unidad española?
Esta situación política no es un popurrí en el sentido musical, ni una mezcolanza o cajón de sastre, como lo define la Real Academia. Más cercano a su origen francés, pot-pourrí es una olla, si no podrida. a punto de pudrirse. Desandar los envejecidos conflictos históricos es un largo y arduo recorrido. A la contra. A la contra del poder. ¿Reconocerá alguna vcez el llamado Estado español que el conflicto es el mismo, su paso del hecho -y hecho unilateral y a la fuerza- al Derecho? ¿Se quiere la libertad de un pueblo? ¿Hay otra que la de decidir por sí mismo su presente y su futuro, y no que otro se lo imponga porque hace muchos años se lo impuso? |
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