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La renta básica
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Antonio Álvarez Solís
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La renta básica o salario universal -ingreso automático por el hecho de pertenecer a la ciudadanía- va a ser debatido en el Parlamento vasco. Una serie de observadores hace años que demandamos ese ingreso a fin de que la existencia humana sea tal, al menos mínimamente. La sociedad se compone de todos sus miembros y eso genera los derechos correspondientes. No hay nadie inactivo socialmente. El marginal más perceptible forma parte del tejido nervioso de la colectividad. Hay que preguntarse incluso el porqué de su marginalidad y hasta qué punto esta marginalidad no justifica insidiosamente la jerarquización clasista. Toda célula tiene una función productiva, ya sea de bienes y servicios o de emociones y sugerencias. Pero es que, además, una sociedad no puede prescindir de ninguna vida sin perder su sentido del equilibrio moral. Hasta aquí, la cavilación ética. Mas hay algo que justificaría de modo notable este salario social: el trabajo del ama de casa. Muchas veces he insistido en la falsificación de la contabilidad nacional que supone la existencia de este trabajo no remunerado. Con ello, adelanto, no trato de constreñir a la mujer al trabajo en el hogar, ya que también puede tratarse de un hombre. Quiero decir que todo trabajador es tal merced a la infraestructura que supone la persona que mantiene en funcionamiento la casa y que permite a ese trabajador externo cumplir enérgicamente sus obligaciones. Ahí está la falsificación de la contabilidad nacional a que antes nos referimos. Es falso que a un trabajador se le pague por su trabajo cuando ese trabajador está alimentado por el segundo trabajo que supone su motor doméstico. Es decir, la sociedad recibe un trabajo de dos personas y paga solamente a una de ellas. Ergo el trabajador recibe menos realmente de lo que contabiliza en su salario. Y eso hay que remediarlo desde el poder. Pero permítanme dos palabras más. |
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