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El callejón de las botxerias
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Un salón del cercano oeste
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Son cifras -y fíjense bien que digo cifras...- para el mareo. Casi 150 bodegas y más de 4.000 asistentes protagonizaron la fiesta del vino: Bizkai-vinos
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Jon Mujika
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Dicen los txikiteros, una especie en vías de extinción si no lo remedia Santa Penúltima, que el cielo de Bilbao es tinto. Claro que el dicho no aclara en qué momento del día lo aseguran ni bajo qué condiciones. Lo cierto es que ésta es tierra que mira al Mar Rojo de las botellas desde tiempos de Chindasvinto, un pueblo adorador del vino. Ayer se volvió a demostrar en el VIII salón Bizkai-vinos, un salón del cercano Oeste (hubo tiros por una copa...) celebrado en el Palacio Euskalduna bajo la alquimia de Manu Martín, un mago capaz de acercar hasta las costas del Cantábrico 15o bodegas cuyos sellos visitaron más de cuatro mil personas, ciudadanos en el argot revolucionario del buen vivir.
A la cita acudieron vinos de todas las latitudes e incluso algunas bodegas poco asiduas por estas tierras como el Tilenus de Bodegas Estefanía, Las Rocas de San Alejandro, el Oliver Conti, los vinos de Jumilla de Juan Gil, los vinos Emilio Clemente de la D. O. Utiel-Requena, o vinos de otros mundos como el Château Seguin bordelés, el Viña Von Siebbenthal chileno o el argentino Belasco de Baquedano. Sobre sus mesas cayó el rayo de la tormenta Curiosidad, desatada sobre todo por Manel Pla y Agustí Peris, sumiller de El Bulli en su día. Ellos propusieron una ruleta rusa de sabores y trajeron hasta el salón un reino vegetal repleto de grosellas, endrinas, arándanos, canela o azafrán, sí; pero también bonito en aceite o alubias, dos aromas que uno hubiese jurado que jamás se escondían en una botella.
Todo un halo de conferencias envolvió la jornada. Sofía Martín, Jesús Sutil, Quinvila de Vila (lo suyo fue todo un acontecimiento...), José Luis Pérez de Eulate, Jesús García, Asier Larrauri y Dimas Bengoa aportaron el toque académico a un día de paso obligado para las bandadas de bebedores y bodegueros que aún sobrevuelan, gracias a Dios, nuestra tierra. Quiere decirse que por el salón desfilaron Aida Agirre, Florentino Martínez, de Monje Amestoy, Luis Mari García, Joseba Viar, estrambótico bohemio, José Alberto Pradera, Abel Mendoza, Iñaki Uribe, Andoni Sarratea, Roberto Sarriugarte, Iñigo Camarero, los txakolineros Roberto Ibarretxe y Manu Calera, entre otros, Jorge Fernández, que se confesó un buen amante (de los vinos, quiero decir...), Isabel Adell, Alfredo y Enrique Thate, Joseba Mendizabal, Javier Mendiluce, José Ángel Cascudo, Andoni Aiarza, Joseba Arana, Antonio Casares, recién llegado del ‘‘Aizian’’, Roberto Rodríguez, Begoña Cedrún,Carlos Amigó, Iratxe Madariaga, María Victoria Cañas, que gasta la sonrisa más elegante de la ‘‘bodeguería’’, el cónsul francés, Thierry Fraisse, Rafael Bustamante, y su sobrino, José Bustamante, José Ríos , Miguel Gil, Susana López, Juan Pablo de Simón, José Linaza, Julio Santamaría Jesús Artajona, Oihana Mentxaka, Alfredo Mendiguren, Bernardo Urrutia, Mikel Gordejuela, Aitor Salaberri, Izaskun Artetxe, Inés Zarate, Kepa Ormazabal y así hasta el acabose. En un rincón, Manu resoplaba con una cansada sonrisa por bandera. |
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