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La muestra podrá ser visitada en el Koldo Mitxelena Kulturunea desde mañana hasta abril. Nagore Iraola |
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Arantzazu o el reflejo de las duras vicisitudes religiosas y políticas de los años 50 y 60
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Javier González de Durana, comisario de la muestra, afirma que las fases de su construcción reflejan la actitud político-eclesial del momento contra lo vasco
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Mañu de la Puente Donostia
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LA CONSTRUCCIÓN de la basílica de Arantzazu conoció una serie de vicisitudes en gran parte desconocidas por el gran público y que se recogen en la exposición que sobre planos, maquetas y pinturas del proyecto del este templo franciscano se inaugura mañana en el Koldo Mitxelena donostiarra. Estará abierta hasta el 1 de abril.
Los estudiosos de este fenómeno arquitectónico, que resultó ser un mito y un hito en el arte vanguardista vasco y europeo, estiman que su construcción se materializó a partir de la "osadía" de los autores del proyecto y en medio de las "zancadillas" que fue colocando año a año la coyuntura sociopolítica del momento, con especial intervención de la iglesia vasca, mayoritariamente al servicio de Franco, fundamentalmente en los años 50 y 60.
Cambio de planos y de planes
Esa es la conclusión que alcanza Javier Gonzalez de Durana, director de Artium (Gasteiz) y comisario de la muestra y la comentó en el momento de la presentación de la misma junto a Imanol Agote (director foral de Cultura) y Frantxis López de Landatxe (director del KMK).
Gonzalez de Durana manifestó que los planos de la Basílica que se adjudicaron el concurso abierto por la Orden Franciscana no se ajustan en absoluto a la construcción del templo. Y es que cuando sale el concurso se vivían tiempos en los que España está aislada, por rechazo, de la comunidad internacional. Los arquitectos Francisco Javier Saenz de Oiza y Luis Laorga realizaron un proyecto «para ganarlo», dice el comisario. Pero, sobre la marcha, fueron cambiando los planos y los planes.
«¿Por qué? -se preguntaba-. Porque el régimen franquista quiso mostrar un rostro más abierto hacia el exterior. Y empezó por las artes y la arquitectura».
Saenz de Oiza y Laorga varían de idea -se sabe por los planos que conservaban sus hijos, también arquitectos- mientras no se lo impiden los "elementos". Pero cuando éstos, en forma de jerarquía político-eclesial, leen un artículo en el "Times" que alaba la grandiosidad del proyecto que refleja y alberga el potencial de la cultura y la lengua vascas, se decide su paralización. Ya no sólo fueron los 14 "apóstoles" de Oteiza -que quería, 16, en razón de 12 apóstoles y 4 evangelistas- sino que todo el proceso arquitectónico quedó paralizado por orden del obispo catalán, muy conocido por sus convicciones franquistas, Jaume Font y Andreu. Le sucedió el obispo vasco Lorenzo Bereziartua, pero no pudo lograr la continuidad de la obra, objetivo que sí materializó monseñor Argaia, a quien sucedería Setién. Así en 1969 -y desde el parón de 1955- se concluyó el templo, edificio que se adelantó a sus tiempos. |
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