|
|
|
La mirada transfronteriza
|
|
Culturas distantes
|
|
José Luis Arriaga
|
|
 |
|
Hace pocas semanas el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero proponía al mundo un plan de acercamiento de las diversas culturas del mundo para un mejor entendimiento para las condiciones de una paz verdadera, dejando a un lado otros poderes locales vitalizables por cerrados monopolios culturales y tradicionales. La UE entendió el plan como extraordinario para evitar pleitos armados y erradicar el terrorismo en el primer mundo. Desde las torres gemelas de Nueva York, los metros de Madrid y de Londres, el mundo occidental, es decir, sus políticos, necesitaban un acercamiento entre culturas. Pero mientras los políticos miraban a las armas, los pueblos sentían otro tipo de choque cultural que a los musulmanes les impide convivir y respirar en igualdad de condiciones. El ‘‘Jyllands’’ Posten danés se ha encargado de airear la ruptura cultural con la sola publicación de unas viñetas de Mahoma de mal gusto para todos y profundamente ofensivas para millones de ciudadanos con los que nuestros políticos mantienen graves cuentas pendientes. Occidente tiende hoy a liberarse de presiones seculares dentro del cristianismo con un propio dogmatismo a favor de la absoluta libertad de opinión y de la libertad de expresarla sin límites de cualquier autoridad religiosa. Se recuerda hoy que Juan Pablo II condenó al obispo Jaques Gaillot por haber afirmado públicamente que la libertad absoluta de opinión era algo santo para él. Lo que nadie puede negar ante lo sucedido con la publicación de las caricaturas por el periódico danés que, por cierto, ya se ha disculpado y repetido por otros diarios occidentales es que los pueblos musulmanes se han sentido heridos profundamente y responden al insulto con ataques. Sólo unos pocos como el gran ayatolá Al Sistani han sabido destacar que también los radicales musulmanes han contribuido a deteriorar la imagen del islam en el mundo. El presidente palestino Abu Mazen condena las caricaturas pero sin atribuir la responsabilidad a todos los occidentales. Occidente y su cristianismo necesitaron siglos para asumir críticas parecidas sin responder con castigos ejemplares a sus autores cuando tenía poderes para ello. No es justo que pidamos al islam una inmediata asunción realista de unas viñetas, aunque en la mentalidad profana occidental de hoy no tengan ningún carácter ofensivo contra la religión. |
|