La FALTA de iluminación en algunas zonas, recovecos, ausencia de cabinas telefónicas, poco mobiliario urbano configuran un mapa de la ‘‘ciudad prohibida’’ para la mujer. El área de Obras y Servicios del Ayuntamiento de Bilbao trabaja desde hace algún tiempo con un grupo de arquitectas y aparejadoras con idea de adaptar la ciudad a la mujer. No es la primera iniciativa que surge en este sentido. De hecho, existe un ‘‘mapa de la ciudad prohibida’’ en Bilbao en el que se detallan los puntos negros de la villa y que ha sido realizado por Gite-Ipes. Algunos de estos ‘‘puntos’’ han sido corregidos y otros están fase de ser mejorados. Soportales, escaleras y parques son los principales enemigos de las mujeres. Desde diversas áreas tanto municipales como forales se viene trabajando en la idea de que urbanizar desde un punto de vista de mujer cambia sin duda los resultados. Una de las responsables del área de Igualdad de la Diputación ponía como ejemplo que «si para cruzar una calle lo más seguro puede ser un paso subterráneo desde el punto de vista de mujer sería un paso de peatones». O «en un parque se evitarían las zonas más sombrías porque es más frecuente que las mujeres acudan con los niños».
Bilbao, como otros municipios, tiene una serie de puntos negros que resultan incómodos para las mujeres. Con la pretensión de identificar estos puntos y proponer a su vez mejoras urbanísticas, el Instituto Gite-Ipes estudió el comportamiento de 51 mujeres en ocho barrios de Bilbao y se realizó lo que después se ha denominado el ‘‘Mapa de la Ciudad Prohibida’’.
Según sus responsables, a menudo los espacios urbanos han sido organizados de manera caótica. «Esa desorganización provoca un estatus urbanístico que posibilita violencia contra las mujeres».
Se detectaban múltiples cuestiones que no ofrecen condiciones de respeto desde el punto de vista de género. Por este motivo el estudio insiste en la necesidad de planificar del espacio urbano y apoyar la implicación directa de organizaciones, instituciones y personas.
En la propuesta planteada el papel de los agentes no se limita a saber las consecuencias de los puntos detectados, puesto que se considera que tan importante como las consecuencias son los caminos que las han provocado. Desde este punto de vista se ha buscado la intervención directa de todos los agentes tanto para diagnosticar los sitios en los que se produce una situación de inseguridad para mujeres como para dar una salida a estas realidades. En definitiva se planteaba profundizar en la relación entre el diseño urbanístico de Bilbao y la violencia contra las mujeres.
A partir de ahí distintas áreas del Ayuntamiento trabajan conjuntamente para mejorar los puntos detectados. Así, el área de Obras y Servicios, Mujer, y Urbanismo con la colaboración de un grupo de arquitectas y aparejadoras trabajan en la elaboración de una ciudad desde un punto de vista de mujer. En abril se presentarán los primeros resultados así como las actuaciones que se pueden llevar a cabo para mejorarlo.
Porque según las conclusiones del resultado de ese primer análisis sobre Bilbao, se detectó que por ejemplo en una de las zonas más frecuentadas por la juventud, las Siete Calles, son consideradas todas las calles peligrosas (sobre todo de noche). Las mujeres entrevistadas ponían de relieve que la peatonalización causa inseguridad y que las calles no comerciales no están cuidadas.
En Txurdinaga se pedía que a la hora de diseñar los nuevos barrios se tuvieran en cuenta que los portales resultan peligrosos así como el parque. Escaleras, túneles y puentes son constantes que se repiten al igual que la escasa o mala iluminación y los pasos subterráneos que poco a poco están siendo sustituidos por el Ayuntamiento. En Santutxu, el problema se focaliza en unas aceras mínimas y con coches, escondites, amplias pendientes y numerosas columnas y soportales lo que supone inseguridad en sus vecinas. Algunos de estos elementos son difíciles de corregir puesto que corresponden a un tipo de urbanismo realizado en otra época. Precisamente el ensanchamiento de las aceras es una de las constantes desde el área de Obras y Servicios.
Pero Ametzola, por ejemplo, pese a tratarse de una zona nueva su diseño urbanístico no ha sido pensado desde un punto de vista de mujer. La amplitud de las columnas del parque, según este estudio, hace que no exista visibilidad para una mujer y lo convierte en una zona peligrosa.
Las casas vacías son también uno de los elementos que producen más inseguridad. Ocurre en Rekalde, donde aunque hay ya muchos edificios que se han rehabilitado o simplemente se han destruido para construir nuevos edificios, quedan aún edificios vacíos que para las vecinas resultan un punto negro. La calle, Prim, Ronda e incluso el parque de Miribilla son otros puntos.