Representantes del Gobierno afgano regresaron ayer a la prisión de Pul-e-Charkhi (en las afueras de Kabul) para negociar con los reclusos amotinados desde el pasado sábado, en una revuelta en la que han muerto al menos cuatro presos y una treintena han resultado heridos. El presidente de la Cámara Alta del Parlamento afgano, Subghatullah Mujdati, acudió el lunes a la cárcel para negociar con los presos y consiguió que se permitiera trasladar a los muertos y heridos, según dijo Qasim Hashimzai, viceministro afgano de Justicia.
El motín se inició en la noche del sábado, cuando los presos rechazaron la propuesta de llevar unos nuevos uniformes. Las autoridades afganas aseguran que entre los amotinados se encuentran miembros de la red terrorista Al Qaeda y que integristas talibanes estarían entre los cabecillas de la revuelta. En la prisión hay más de 2.000 prisioneros, de los cuales unos 350 participarían en la revuelta.
Por el momento, el motín ha causado la muerte de una persona en el bloque uno de la prisión, donde comenzó la rebelión, mientras en el bloque dos fallecieron tres personas y otras treinta resultaron heridas, según las autoridades. Hashimzai rechazó que entre los fallecidos se encontrase alguna mujer, como se había informado inicialmente. «Queremos trasladar al resto de los presos para poder llevar a cabo reparaciones en los bloques dañados», aseguró.
El lunes, los detenidos no aceptaron abandonar sus celdas para que se reparasen el suministro de agua, pero Hashimzai manifestó su esperanza de poder hacerlo ayer. Al parecer, los presos exigen su liberación, lo que, según las autoridades afganas, no está siquiera en discusión.
Por otra parte, un ciudadano nepalí que fue secuestrado hace dos semanas en Afganistán fue encontrado muerto por la Policía afgana, que rescató con vida a otro rehén. |