Con más de cinco millones de desempleados, un déficit fiscal que superará en 2006 los límites de Tratado de Maastricht y sin avances en las reformas del sistema social, el balance de la alianza entre la Unión Cristianodemócrata y la Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) podría parecer gris. Sin embargo, la primera mujer en la Cancillería alemana goza ahora de una popularidad desconocida por sus antecesores, el socialdemócrata Gerhard Schröder y el conservador Helmut Kohl.
Un 80% de los alemanes considera que Merkel hace un buen trabajo, lo que contrasta con su situación de partida cuando luchaba por la Cancillería frente a Schröder, a quien las encuestas atribuían mejor condición de líder que a la aspirante. Buena parte de esa alta consideración se debe al buen pie con que entró en política exterior, materia en la que se la había prejuzgado de neófita. En tiempo récord desde que juró el cargo, el 22 de noviembre pasado, visitó a sus socios europeos en París, Bruselas, Varsovia y Roma y participó en foros multilaterales.
Aún no había cumplido un mes como canciller cuando tuvo un papel sustancial en la cumbre de la UE, donde se acordó el controvertido plan financiero para el periodo 2007-2013. El 13 de enero visitó al presidente George W. Bush en Washington, supuestamente para limar las asperezas dejadas por Schröder, pero aprovechó para criticar la cárcel de Guantánamo. Tras días después, ante Vladimir Putin, criticó la política rusa en Chechenia y se reunió con líderes de la oposición.
Visitó Israel, pocos después de la victoria de Hamas en los territorios palestinos, y condenó luego, en la Conferencia de Seguridad de Munich, la «provocación» del régimen de Irán al no reconocer el derecho a la existencia del estado israelí. Su ministro de Exteriores, Franz-Walter Steinmeier, resolvió con éxito el primer secuestro de un alemán en Irak, la arqueóloga Susanne Osthoff. Pendiente queda el caso de los dos ingenieros de Leipzig secuestrados hace más de un mes en ese mismo país.
El rápido debut de Merkel en el ámbito internacional contrasta con su línea de «pasos cortos» en política interior. La canciller anunció que ése iba a ser su principio rector en su primera declaración ante el Parlamento. |