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¿Por qué se cabrea Solana?
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Iñaki González
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Se tomó la pregunta como una patada en aquella parte, que es lo último que debería hacer el máximo responsable de la diplomacia europea. Y se lo tiene que tomar, al menos que no se le note. Al menos no calificarlo de "delirium tremens". No le gustó a Javier Solana que le sugirieran siquiera cualquier comparación entre el caso de Montenegro y el debate abierto sobre la configuración política y administrativa del Estado español. Hizo una diferenciación de bastante poco fundamento al distinguir entre los Estados de dentro y de fuera de la Unión Europea, como si el reconocimiento de los derechos de los pueblos les correspondiera sólo a aquellos que aún están fuera del paraguas institucional que emana de Bruselas. A ver si va a resultar una cadena lo que se supone una garantía de esos derechos. Solana perdía la perspectiva de su propia experiencia en Europa, donde en los últimos quince años han nacido más Estados independientes que en el siglo anterior y muchos de ellos están en puertas de incorporarse a la UE. No parecía hablar el responsable de política exterior y seguridad sino el ex ministro del PSOE y eso debería hacérselo mirar aunque sea un favor que estén dispuestos a agradecerle por igual en su partido y en el que más intensamente se le opone. En éste ayer también entraba al trapo Gustavo de Arístegui, quien buscaba leña para prender la hoguera del Estatut catalán y se tuvo que ir hasta los Balcanes. Se refirió al caso de Montenegro como de «secesión insuficientemente clara» y tuvo que echar mano para ello hasta de los votos no emitidos, como si fueran más democráticos que los emitidos. Eso sí va a ser delirium tremens. |
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