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Con criterios democráticos
POR DECISIÓN en referéndum de la mayoría de sus ciudadanos -que debía superar el 55 por ciento de los votos emitidos, según el criterio impuesto por la la Unión Europea para validar el resultado- Montenegro se separa de Serbia y se convierte en Estado europeo soberano. Resulta difícil de entender que el ejercicio del derecho de autodeterminación de un pequeño pueblo suscite nerviosismo y salidas de tono poco democráticas de algunos políticos españoles, histéricos por el simple hecho de que alguien lo reclame como mejor fórmula para atender las legítimas aspiraciones soberanistas de Euskadi o Cataluña. Sorprende, en efecto, el que un diplomático tan experimentado como Javier Solana pierda los papeles y califique de ‘‘delirium tremens’’ cualquier inevitable comparación (no equiparación) entre este plebiscito y el debate territorial en el Estado español.
A LOS DOS GRANDES partidos centralistas españoles les inquieta, con razón, el que se demuestre, una vez más, que los procesos de autodeterminación son posibles en la Europa actual, que no es un procedimiento exclusivo para colonias o países sojuzgados. A los socialistas vascos, aferrados ahora a esta última estimación -cuando hace 30 años encabezaban las manifestaciones para exigir la autodeterminación de Euskadi- habría que recordarles los casos de Chequia y Eslovenia, Lituania, etc. Y respecto al argumento, utilizado como último recurso, de que la UE avala la autodeterminación fuera pero no dentro de sus fronteras -aparte de la absurda discriminación que representa el negarles tal derecho a sus propios ciudadanos y pueblos-, traer a colación, por ejemplo el referéndum para la unificación alemana en 1990. O el hecho de que el Reino Unido reconoce por ley la capacidad de decisión de los ciudadanos de Escocia o de Irlanda del Norte.
REFLEXIÓN aparte merece el que la UE determine el porcentaje de participación (50%) y de votos favorables a la independencia (más del 55%) necesarios para homologar el resultado de la consulta popular en Montenegro cuando para cuestiones internas tan importantes como la incorporación de nuevos miembros a la UE o la más que problemática aprobación de la propuesta de Constitución baste con la simple mayoría absoluta, que en otros temas ni se exige. ¿Cuál es y quién delimita el umbral de cualificación democrática? ¿Es democrático que la voluntad del 46 por ciento se imponga a la del 49% de los votantes? Evidentemente a la Unión Europea le queda un largo trecho por recorrer en cuanto a coherencia democrática y respeto a los derechos de los pueblos que la integran, aunque sea más sensible que el Estado español.
De la retórica a la realidad
ZAPATERO, que personaliza la el proceso de paz, deberá tomar conciencia de cuál es la situación real y pasar de la retórica a la didáctica para explicar a los ciudadanos cómo se puede avanzar efectivamente en el camino de la pacificación. Ejercicio necesario tras la confirmación de que no cuenta con el aval del PP para iniciar el anunciado diálogo con ETA. Un respaldo que no es imprescindible, si la voluntad mayoritaria del resto de fuerzas políticas apuesta decididamente por la negociación para acabar con la violencia. |
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