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David Beckham en un acto de promoción de la marca que le provee sus botas. Archivo |
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Lo que cuestan las cosas de verdad
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Intermón-Oxfam ha denunciado el escaso que tienen entre las grandes marcas de ropa deportiva sus constantes denuncias de los abusos y la explotación laboral que practican estas empresas
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Juan Carlos Latxaga
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HOY EN DÍA SE PUEDE aplicar a casi cualquier cosa que compremos pero esta vez les toca a las grandes marcas de material deportivo, fundamentalmente ropa. Me refiero al oscuro submundo que se esconde detrás del brillo rutilante de la firma de moda, (la auténtica, no la imitación de mercadillo, por favor) esa que visten nuestros ídolos y que nuestros hijos e hijas nos piden poseídos por el virus consumista que les ha inoculado la publicidad con nuestra colaboración necesaria, que diría el jurista, o inconsciente. La ONG Intermón-Oxfam volvió a denunciar ayer públicamente a las principales doce marcas de ropa deportiva tras analizar su proceder durante todo un año. Y es que no por sabido el problema es menos grave. Los enormes beneficios de estas firmas no se basan sólo en los astronómicos precios que nos hacen pagar por sus prendas, que también, por supuesto, sino en el régimen de explotación medieval al que tienen sometida a su mano de obra, niños y mujeres en su inmensa mayoría, en sus fábricas en el llamado Tercer Mundo. Según los denunciantes, mientras Adidas paga a Zidane 1,5 millones de dólares por promocionar sus productos, o Nike destina 13 millones de euros al año a la selección brasileña de los Ronaldos, Ronaldinhos y demás compañía, los trabajadores que confeccionan sus camisetas y sus botas en algún país asiático, lo hacen a cambio de 47 céntimos de euro por hora, lo que supondría un salario de 3,75 euros por una jornada laboral de ocho horas y con el riesgo constante de quedarse incluso sin ese jornal si la marca decide, como ya lo han hecho algunas en ocasiones, cerrar su fábrica para buscar esclavos más baratos todavía.
Algunas operaciones de lavado de cara, como la de prescindir de la mano de obra infantil, muchas veces imprescindible para el sustento de la familia, no ocultan cuáles son las bases reales del negocio. Se dirá que estas son las reglas del juego y que lo tomas o lo dejas. Pero serán las reglas si nosotros aceptamos que lo sean. Y sería igualmente injusto que la denuncia se quedara en este sector determinado incluso a pesar de lo oportuno de las fechas de dicha denuncia, vísperas del Mundial. Nos podríamos preguntar también quién y en qué condiciones fabrica toda esa bisutería informática que nos parece tan barata que ya es de usar y tirar, o quién es el proveedor de las ‘tiendas de los chinos’ o de tantas otras cosas que le dejan a uno la sensación de que le están cambiando su sudor por espejuelos y cuentas de colores. Si no fuera porque es políticamente incorrecto, diría que estamos haciendo el indio. |
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