«En estos momentos tenemos la seguridad de que no existe ninguna tecnología capaz de falsificar este documento. Es imposible copiar el microchip que tenemos». Visto así, aislado de todo contexto, y con el único dato de que las palabras pertenecen a un miembro del Gobierno británico, cualquiera podría afirmar que las dos frases están sacadas de algún guión de la interminable saga de James Bond, el agente 007. Pero nada más lejos de la realidad. El que muestra su fe ciega en su nuevo sistema es Stephen Clark, vicecónsul británico en Madrid, y se refiere a la tecnología desarrollada en el nuevo pasaporte biométrico que a partir de mañana expedirá el Consulado británico en el Estado español.
«Con él se podrá verificar que la persona que está delante es realmente la que tiene derecho a llevar ese pasaporte. Es una herramienta muy importante en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado», explica Clark. La medida afecta a todos los ciudadanos británicos que tengan que renovar su pasaporte, aunque los documentos con vigencia seguirán siendo válidos, siempre que puedan ser decodificados por un lector digital.
El pasaporte biométrico estará basado en la identificación del rostro, una tecnología que será obligatoria para todos los miembros de la UE a partir de octubre de 2006, de donde se sacan los «rasgos únicos» de cada persona para almacenarlos en un chip incluido en las páginas del documento. «Ésta va a ser la parte más notable del pasaporte. Por lo demás, es muy similar al que los ciudadanos británicos han utilizado hasta ahora, aunque sí va a hacer que sea más seguro. Todo está diseñado para dificultar el fraude y la falsificación de identidad», asegura el vicecónsul británico en Madrid.
El nuevo documento no vulnerará la privacidad de los ciudadanos que lo portan, o eso afirma el propio Clark, ya que la información que va a quedar reflejada en el chip es la misma que aparece en el pasaporte actual, nombre, apellidos, lugar y fecha de nacimiento, domicilio... «No va a tener información personal del portador y, por lo tanto, no va a atacar la privacidad de las personas. De la lectura del rostro no se va a sacar ningún dato extra que vaya en contra de la privacidad. Debemos cumplir muchas normas en ese sentido y aunque quisiéramos incluir más información en este pasaporte lo tendríamos totalmente prohibido», aclara. En ese sentido, sostiene que «las conversaciones mantenidas con las comunidades británicas en el Estado han sido positivas. Todos entienden que esta es una manera de hacer más segura su identidad personal y de asegurar el país, porque protege contra el fraude y la falsificación de identidad», sostiene.
Por el momento, el nuevo pasaporte biométrico basado en la identificación del rostro no podrá ser leído en los aeropuertos de entrada ni en los controles de inmigración, ya que, según explica Stephen Clark, se trata de una tecnología en desarrollo. «Lo que sí puedo decir es que va a existir una manera de leer el chip en el futuro», garantiza. |