|
|
|
Montenegro: Adiós ‘‘solania’’
|
 |
|
Robert Scarcia
|
 |
El referéndum y la independencia de Montenegro dan qué pensar. Sin embargo, antes de plasmar algunas reflexiones sobre el tema, quisiera hacer recordar un detalle perteneciente a la historia reciente de la pequeña república balcánica encajada entre los montes y el mar Adriático. Se trata de una anécdota, muy curiosa desde luego, que interpela directamente a Don Javier ‘‘delirium tremens’’ Solana.
Cuando en febrero de 2003 sobre las cenizas ensangrantadas de la antigua Yugoslavia se constituyó la Federación entre Serbia y Montenegro, con esa ironía balcánica que recuerda el humor negro de muchas películas de Emir Kusturica, algunos, tanto serbios como montenegrinos, dieron a dicha federación el apodo de Solania porque el mandatario de la política exterior de la Unión Europea fue el más elocuente padrino y más decidido arquitecto de la recién nacida Federación Serbio-Montenegrina. Tres añitos después, y por la voluntad de los montenegrinos, Solania ya ha desaparecido del mapa de los Estados de Europa.
En el amplio tema de debate acerca de la soberanía de Quebec, la Corte Suprema de Canadá dijo que Ottawa tendría la obligación de negociar si una ‘‘mayoría clara’’ se expresaba a favor de la opción soberanista en Quebec. Lo que no precisó dicha Corte, fue qué era, numéricamente hablando, una ‘‘mayoría clara’’... En cambio, una entidad de prestigio internacional como lo es la Unión Europea, sí que lo hizo para el caso de la independencia Montenegro: una ‘‘mayoría clara’’ es una mayoría en la cual el 55% de los votos se han expresado a favor en una elección en la que hayan participado más del 50% de los electores potenciales. Probablemente se trate de un porcentaje y de unas cifras que todos los soberanistas de todos los continentes tengan que tener en cuenta en el futuro.
La otra cuestión no es tanto cómo y cuándo Montenegro entrará en la UE, sino qué tipo de relaciones serán capaces de establecer entre sí los dos Estados soberanos de Serbia y Montenegro. Montenegro no se ha desplazado y Belgrado quedará siempre más cercano que Bruselas, no sólo geográficamente sino también lingüística y culturalmente. ¿Cómo van a arreglarse, por ejemplo, Podgorica y Belgrado ahora que Serbia, demográficamente 15 veces mayor que Montenegro, ha perdido su acceso al mar? De todos modos Montenegro confirma que a pesar de los burócratas a lo Solana y de los esfuerzos políticos provenientes del exterior, esfuerzos que tal vez acaban llamándose Solania, nadie puede evitar que las naciones minoritarias se divorcien de los Estados a los cuales pertenecen, si tal es su opción.
Divorcio es una palabra clave. Toda conciencia cívica sabe que para que un divorcio sea legítimo basta que una de las dos partes de una pareja en conflicto lo quiera. El problema es otro: que un divorcio se transforme en un nuevo comienzo lleno de optimismo y no en una pesadilla para una o para ambas partes. Dicho sea de paso, en la cuestión sobre el referéndum de Quebec, el debate político giraba entorno a la pregunta de si un ‘‘divorcio’’ con Canadá sería oportuno, y no entorno a la cuestión del derecho, por parte de Quebec, de independentizarse bajo ciertas condiciones de Canadá. No se ponía en duda la legitimidad de la opción de divorcio independentista de los quebequenses, sino si dicha opción sirve efectivamente a los intereses del pueblo de Quebec.
Nunca se sabrá por otra parte, si los Estados soberanos surgidos de la antigua Yugoslavia son hoy efectivamente más ‘‘independientes’’ frente a los poderes transnacionales de la globalización que si se hubieran quedado en el seno de la Federación Yugoslava en el caso de que ésta hubiese sido capaz de encontrar su modelo de transición democrático a la muerte de Tito.
Zapatero parece haber captado que las dinámicas soberanistas son extensiones a nivel político del concepto de divorcio, en cambio Solana no... ¿Será debido a un cambio generacional de cultura en el PSOE? Lo que llama la atención es que durante la fiesta reciente del PSE en Bizkaia, Zapatero haya prometido a los vascos que ‘‘decidirán su futuro’’ y que pocos días después Solana haya hablado de "delirium tremens" frente a la idea de que la experiencia referendaria montenegrina pueda trasladarse a Euskadi o Catalunya... |
|