LOS DIRIGENTES del deporte mundial, y del ciclismo internacional, creyeron que el desarrollo y posterior implantación del test de detección de la EPO exógena acabaría con las decenas de deportistas y ciclistas tramposos que, durante los “felices 90”, recurrieron con la mayor de las impunidades a la milagrosa eritropoyetina, la poderosa hormona sintética que oxigena los músculos. Sin embargo, lo que hicieron no fue sino provocar que los “gurús” de la medicina deportiva rescataran del baúl de los recuerdos los manuales de transfusiones sanguíneas, una práctica ya habitual en la década de los 70. El atleta finlandés Lasse Viren fue uno de los primeros que comprobaron sus beneficios: ganó los títulos olímpicos de 5.000 y 10.000 metros en Munich’72 y Montreal’76. Era legal. En las autotransfusiones (el atleta se extrae e inyecta su propia sangre) hay dos variantes: a) el deportista se extrae la sangre (en bolsas de 450 mililitros, normalmente dos) tras un entrenamiento en altitud, rica en glóbulos rojos y hemoglobina (o sea, con un altísimo poder de transporte de oxígeno a los músculos); o b) se la extrae en un laboratorio que la enriquece mediante un proceso de centrifugado. Este segundo es, según los investigadores, el método empleado en el laboratorio de Madrid objeto de la redada. En ambos casos, bien la sangre o bien los glóbulos rojos, ya en bolsas, son almacenados a baja temperatura. Cuando la fatiga aparece en el deportista, por ejemplo en una competición tan exigente como una carrera de tres semanas, la “paloma” o transportista, casi siempre una persona que no tiene vinculación conocida con el deportista ni con su equipo, hace llegar las bolsas a su destinatario. Hora y media después de la transfusión, el atleta percibe ya el beneficio de la misma: su sangre está oxigenada, el cansancio desaparece. Hasta hace un par de años, era incluso frecuente recurrir a la sangre de otra persona del mismo grupo sanguíneo, pero esta práctica ya puede ser detectada en los controles antidopaje (Hamilton, Santi Pérez), de ahí que en el último año y medio las autotransfusiones sean el método más generalizado.
La Guardia Civil se incautó en los registros del pasado martes de unas 200 bolsas sanguíneas. Obviamente, en su etiquetado no figura el nombre del deportista en cuestión, pero sí aparecen una serie de números y nombres en clave. Muchos de éstos podrán ser descifrados gracias a la documentación incautada en el propio laboratorio y en los domicilios de Merino y Eufemiano Fuentes. Asimismo, la Guardia Civil ha grabado en los cuatro últimos meses la entrada y salida de centenares de deportistas. Los más famosos ya han sido identificados. Los menos populares pueden serlo en breve. La Guardia Civil va a solicitar a la Unión Ciclista Internacional (UCI) que extraiga sangre a los ciclistas sospechosos de haberse “tratado” en el laboratorio madrileño para, tras el cruce de información, comprobar si coincide con la sangre almacenada en las bolsas incautadas. En el caso de deportistas de otras disciplinas, fuentes de la investigación no descartan recurrir al análisis de muestras de ADN.
La Guardia Civil da por hecho que, además de Liberty y Comunidad Valenciana, hay más equipos ciclistas implicados.