La actuación del pianista canadiense Louis Lortie el martes en la Filarmónica bilbaina dio como resultado un recital brillante, pero al mismo tiempo reprodujo de modo especial la concordancia Wagner-Liszt en las transcripciones hechas por este último de varias obras del dramático alemán, así como en el acertado arreglo para piano del ‘‘Idilio de Sigfrido’’ por Joseph Rubinstein o en el refinado paráfrasis de Hugo Wolf sobre el Fuego Mágico de La Walkiria.
Fue evidente el dominio del teclado por parte de Lortie, en estas obras transcritas, así como en el Concierto Patético y el Valle de Obermann, de Liszt. Todas las piezas del programa, desde la obertura de Tannhäuser hasta el Concerto Pathetique, exigían un punto alto de virtuosismo que el pianista vencía con aparente facilidad. Rotunda limpieza en la ágil sucesión de octavas, ornamentación, potentes martellati, etc. así como un bien calculado control de sonidos en los expresivos cantabiles y, cómo no, en la poética trayectoria del Idilio de Sigfrido.
Las enormes facultades técnicas de Lortie se volcaron en la literatura de Wagner y Liszt, pero su sentido estético floreció también en La tan elegante como minuciosa confidencia de la Fantasía en Re, de Mozart, dada como propina.
Concierto en la Filarmónica de Bilbao |