LA POLÉMICA de ayer en Catalunya, una vez más, se originó tras unas declaraciones del presidente de la Generalitat, quien el martes por la noche, en una entrevista en BTV reveló que «en agosto de 2005, cuando era muy importante la actitud de CiU porque podía impedir que hubiera Estatut», puesto que sus votos son decisivos en el Parlament, «durante las conversaciones triangulares en Madrid» en las que se encaminaba la negociación, «la propuesta de CiU era votar ‘‘sí’’ al Estatut «con determinadas condiciones y una de ellas era que yo prometiera que no me volvería a presentar».
Artur Mas, presidente de la federación nacionalista, manifestó que estas declaraciones no le sorprenden viniendo de Maragall, ya que es «capaz de cualquier aspaviento y provocación, aunque sea gratuita y falsa». Lo que le ocurre al presidente catalán, en su opinión, es que tiene «un problema enorme dentro de su casa» y se da cuenta de que «los suyos no le quieren», de manera que se busca un «enemigo en el exterior». En el mismo sentido se manifestó el portavoz de CiU en el Parlament, Felip Puig, quien negó «rotundamente» que CiU pusiera esa condición y dijo que Maragall está «desesperado» por su «supervivencia política».
En cambio, el portavoz parlamentario de ERC, Joan Ridao, sí dio crédito a las palabras de Maragall y cree que su comentario «es la prueba más evidente de que todo se estropeó con el pacto Mas-Zapatero» sobre el Estatut. Añadió que este acuerdo «sirvió para matar dos pájaros de un tiro: a Maragall, y en segundo lugar, al tripartito, con la salida de ERC del Ejecutivo». Para el dirigente republicano, otra prueba del «recorte» del Estatut es que el texto catalán y el andaluz son como «dos gotas de agua», lo que evidencia que Mas fue el «tonto útil» de Zapatero, que «pactó un patrón con los barones del PSOE y le endosó el mismo texto» al líder de Convergencia i Unió.
La réplica de CiU fue inmediata y Felip Puig sostuvo que «el Estatuto andaluz es el de Esquerra», que «estaba dispuesta a aceptar el término ‘‘realidad nacional’’» para Catalunya. Puig y Ridao sí coincidieron en pedir a Maragall que «ponga fin» a esta situación para que la «agonía» y el «vía crucis no continúen» |