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José A. Arribas en su oficina de Hong Kong. Z. Aldama |
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José A. Arribas Director de COPCA en Hong Kong
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«Es cuestión de tiempo que China se ponga a la altura tecnológica de Occidente»
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Un vasco, José A. Arribas, de Bilbao, es, curiosamente, el introductor de las empresas de Cataluña en el emergente mercado chino. Como director de la oficina de COPCA (Consorcio para la Promoción Comercial de Cataluña), ayuda a las empresas catalanas a establecer sus negocios en China, desde oficinas representativas hasta fábricas.
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Zigor Aldama Hong Kong
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Las frases «Es casi imposible conseguir una sentencia contra una empresa china que copie productos» «A nivel económico China es una amenaza como competidor pero también una gran oportunidad» «La deslocalización está ahí y no hay otra salida y el que más sufre es el trabajador occidental»
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HACE ya casi una década que el Reino Unido devolvió Hong Kong a China. Aquel año de 1997, miles de empresas de todo el mundo temblaron ante la posibilidad de que la ex colonia perdiese el potencial económico que la caracteriza. El tiempo ha demostrado que esos temores eran completamente infundados. China es la que se acerca cada día más al sistema de capitalismo sin fronteras de Hong Kong.
José A. Arribas, bilbaino que hace ya más de una década dejó la capital vizcaina para sumergirse en el mundo asiático, ha seguido los espectaculares cambios del país desde una posición privilegiada. Como director de la oficina de COPCA (Consorcio para la Promoción Comercial de Cataluña), ayuda a las empresas catalanas a establecer sus negocios en China, desde oficinas representativas hasta fábricas. «Todavía hay un gran desconocimiento del país y nuestra ayuda es fundamental para que los proyectos sean viables».
China parece haberse convertido en el centro del fenómeno de la deslocalización que, según Arribas, «es un fenómeno lógico dentro del capitalismo». Las empresas se ven obligadas a desplazar sus centros de producción a países donde los costos son más económicos porque la competencia hace lo propio. Es el pez que se muerde la cola. Las consecuencias las pagan los trabajadores occidentales. «Las empresas lo que tienen que hacer es innovar y crear valor añadido para crear empleo».
¿China es una amenaza o una oportunidad?
Es difícil de contestar, porque hay que tener muchas cuestiones en cuenta. ¿Es cierto que China acapara la mayor parte de la producción y que lo que produce ya no se fabrica en otros países? Pues sí, desde ese punto de vista es una amenaza. Pero, ¿es también una oportunidad? Por supuesto que sí. El crecimiento de China de las dos últimas décadas ha sido productivo, pero se espera que, a partir de ahora, vaya ligado a un crecimiento del consumo, con lo que habrá posibilidades para las empresas occidentales. Así lo ha puesto de manifiesto el gobierno tras la aprobación del nuevo plan quinquenal, que hace hincapié en la necesidad de aumentar considerablemente el consumo de la población china, para que se acerque a los niveles de los países en desarrollo, o sea, en torno al 65%. Eso supone un incremento del 20%, lo cual es una gran oportunidad para nuestras empresas.
Pero, de momento, mantenemos un importante déficit comercial con China. ¿Qué riesgos comporta este hecho?
El estar en una situación de déficit comercial con un país no es en sí peligroso, porque las relaciones comerciales no son con un solo estado sino con muchos, y la tendencia es la de equilibrar la balanza. Lo que sucede en este caso particular es que China está en una posición de superávit con la mayoría de países, lo que comporta un riesgo a nivel mundial que afecta especialmente a Estados Unidos, donde hay problemas con la financiación de la deuda pública y por la pérdida de puestos de trabajo. Es justo este segundo punto el que afecta más a nuestro país.
¿Podríamos decir entonces que China supone una oportunidad para el mundo empresarial y una amenaza para el sistema de bienestar de nuestro país?
China es una oportunidad empresarial innegable. En cuanto a la amenaza social, no creo en ella. En mi opinión los diferentes sistemas pueden convivir. En Hong Kong, por ejemplo, funciona bien un sistema de impuestos muy bajos. A su vez, los países nórdicos están encantados con las prestaciones que sus altos impuestos les proporcionan.
¿Qué se le podría decir entonces al trabajador que pierde su empleo porque la empresa en la que trabaja ha dejado de ser competitiva por el auge de China?
Hay que tener en cuenta que las empresas pueden funcionar sólo hasta que los costes de sus productos llegan a un nivel en el que ya no se venden en el mercado. Es una cuestión de competitividad pura y dura. Ante esta coyuntura, sólo caben dos opciones, abaratar la mano de obra en nuestro país, algo impensable, o trasladar el centro de producción. Lógicamente, es el trabajador el que más sufre esta situación, pero no hay otra salida.
¿Ya no tiene marcha atrás este proceso de deslocalización?
No hay nada que no tenga marcha atrás, pero no se puede obviar la evolución del mundo globalizado. Lo que puede suceder en el futuro es que en nuestro país se vuelvan a abrir empresas que fabriquen productos que demanda el consumidor chino y que no se producen en el país asiático. Sería la vuelta completa al círculo.
Una de las grandes preocupaciones de las empresas que se establecen en China es el de la transferencia tecnológica. ¿Cómo afecta este hecho a nuestros empresarios?
Este es un asunto complicado porque China no cumple algunas de las reglas del mercado internacional. De hecho, es casi imposible conseguir una sentencia contra una empresa china que copie productos de otra occidental. Y más aún, ejecutarla. El verdadero problema reside en el sistema judicial chino, que es incierto y, sobre todo, muy diferente al que nuestros empresarios están acostumbrados. Sabemos que toda la tecnología que llegue a China es susceptible de ser copiada, y que defender las patentes es muy complicado. Quizá sea este el precio que hay que pagar por entrar en este mercado.
Otro de los temas candentes es el de las cuotas que Europa y Estados Unidos imponen a ciertos productos chinos. ¿Cómo cree que evolucionará esta cuestión?
Al final, siempre es el mercado el que determina el volumen de importaciones y exportaciones. El año pasado, por estas fechas los textiles chinos, por ejemplo, ya habían rebasado su cuota. Este, sin embargo, puede que no lleguen siquiera a alcanzarla en diciembre. Tratar de manipular las leyes de oferta y demanda puede tener resultados satisfactorios a corto para quien pone las barreras, pero a largo plazo se impone la lógica del libre mercado.
Las últimas cifras indican que China crece a un ritmo del 10%, y que continúa el riesgo de sobrecalentamiento de su economía. ¿Qué pretende hacer el gobierno para atajar el problema?
Las medidas ya han empezado a aplicarse, porque son evidentes los riesgos de sobrecalentamiento, de superproducción y de falta de consistencia en el sistema financiero. La más reciente ha sido la del incremento del tipo de interés sobre el dinero. Ahora, el gobierno de Pekín está tratando de que este incremento del PIB, además de ser constante, sea sostenible. Y eso no es sencillo. La meta es mantener una tasa del 7,5% hasta el 2010, y se pone énfasis en que el crecimiento sea acorde con el medio ambiente, lo cual quiere decir que las autoridades chinas comenzarán a exigir unos estándares de limpieza medioambiental mucho mayores. También es importante constatar que China pretende que este crecimiento no esté sustentado únicamente en la inversión y la exportación, sino que venga dado por el aumento del consumo interno.
Otra de las medidas polémicas ha sido la revaluación del yuan. ¿Cuáles son los pros y los contras de esta decisión?
El cambio que se efectuó el año pasado ha traído consigo un incremento de sólo un 2% del valor de la moneda, por lo que no ha habido una revaluación importante, que es lo que Estados Unidos demandaba, sobre todo para disminuir la competitividad de los productos chinos. Pero esta es un arma de doble filo, porque si bien las exportaciones chinas resultarán más caras, a China le saldrá más barato comprar materias primas y productos acabados. |
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