«Agur, cariño. Me voy a un cursillo.» «¿Otro?» Lo que no sabía el marido de Edurne Guisasola, de 51 años, es que su mujer se dirigía a un taller de "danza terapéutica para mujeres", un eufemismo utilizado por la Universidad Vasca de Verano para definir streptease y evitar el cataclismo mediático que provocó la evocadora palabra el pasado año. «Esto no mejora la vida sexual de la pareja, pero sí es un aliciente», añadía la compañera de danzas de Edurne, Arantza Iturbe, de 42. Pero ni una ni la otra se han apuntado por poner una nota picante en su dormitorio, sino porque a las dos «nos encanta bailar» y porque probar algo nuevo «nunca está de más».
De todos modos, el marido de Edurne ya sabe cómo pasó su mujer la tarde del jueves, de cinco a ocho, porque al salir de clase ella prometió «practicar en casa durante el fin de semana», delante de él, un público siempre agradecido. Las mujeres de más edad eran las aventajadas de la clase: en seguridad, en movimientos, en baile, en sensualidad y en andar sobre tacones. Un instrumento «indispensable» para un buen streptease. «Te lo quitas todo, menos los zapatos», explica la joven profesora, Iratxe Aldasoro, fisioterapeuta de profesión.
«Con unos tacones cambia todo tu cuerpo, la forma de andar, de moverte. Con unos tacones altos eres capaz de sacar tu sensualidad al exterior y desbloquear las partes del cuerpo que mantienes en tensión», agrega la experta. «Aquí trabajamos por segmentos, pubis, caderas, brazos, piernas, hasta conseguir lo más difícil: desbloquear la cabeza».
Para llegar al cenit del streptease no basta con quitarse la ropa con gracia, es necesario agregar cierta convicción de saberse guapa y mover, «a la vez», todas las partes del cuerpo. ¿Cómo? Ahondando en el erotismo de una misma, «un sentimiento muy escondido en todas nosotras». «El enfado, la alegría o la timidez son emociones habituales en el día a día», sigue Aldasoro, «así que primero les digo que caminen mosqueadas o contentas para que, poco a poco, vayan asimilando sus diferentes estados anímicos hasta llegar al más difícil, la sensualidad». Y otra vez, la misma duda, ¿cómo? «Con gestos faciales, con una mirada, con un contoneo», responde la profesora.
Las seis alumnas de Aldasoro tendrán, a lo largo de este mes, 15 horas para practicar con una banda sonora a su medida, aunque la canción de Joe Coker para la película "Nueve semanas y media" repicaba con fuerza en la paredes de la universidad de Eibar. A lo largo del curso, sabrán sacarle provecho a una silla o una pared, además de boas, gafas y pelucas que confieren un escenario más teatral, distendido. El objetivo será «ganar autoestima», de ahí lo de "terapéutico", y representar cada una un show final para las demás. «En todos los cursos que llevo impartidos, sólo dos alumnas se han resistido a quitarse toda la ropa, aunque para ellas, el punto donde llegaron, ya fue un gran paso», resume orgullosa la instructora de este baile. Arantza Iturbe, de Gernika, incluso va más lejos: «Igual un día de estos sorprendo a mi cuadrilla con un streptease al final de una cena». ¿De veras? «Si la cena no es en Gernika, ¡¿por qué no?!». |