MÁS DE 3.000 personas murieron ayer a causa del terremoto de 6,2 grados en la escala de Richter que sacudió a isla de Java, la más poblada de Indonesia, y tuvo su epicentro junto a la ciudad de Yogyakarta. El seísmo se produjo cerca de un volcán que mantiene todavía la isla bajo alerta máxima desde hace semanas y cuya actividad podría haberse incrementado a raíz del terremoto. El último balance, ofrecido por el Ministerio de Asuntos Sociales, eleva la cifra de víctimas mortales a 3.068 fallecidos mientras fuentes de Cruz Roja hablan de 200.000 ciudadanos desplazados de sus hogares.
La Unidad de Desastres Regional indicó que la zona con más víctimas mortales es la provincia de Yogyakarta, donde se contabilizaban casi 2.500 muertos, más de 2.000 en Bantul, seguido del distrito de Klanten, donde se habían contabilizado cerca de 550 víctimas mortales.
Yogyakarta, uno de los principales centros turísticos de Indonesia por los famosos templos budistas de Borobudur y el volcán Merapi, que desde hace semanas expulsa gases y cenizas, se encuentra a unos 400 kilómetros al sureste de Yakarta y a 25 kilómetros del epicentro de este terremoto.
La población costera de Bantul, al sur de Yogyakarta, quedó sin un edificio en pie, de acuerdo testigos entrevistados por los medios locales, y la urgencia del momento obligó a cavar fosas comunes para enterrar los cadáveres y evitar epidemias. Los hospitales de Yogyakarta se encuentran colapsados, a pesar de haberse habilitado espacios en los pasillos, en las salas de espera e incluso en los recibidores.
Tras producirse el seísmo, aún de madrugada mientras la gente dormía, cientos de personas huyeron de sus casas en las localidades costeras de esta zona del sureste de Java, hacia terrenos más altos, por miedo a que se repitiera un tsunami como el que, en diciembre de 2004, mató a unas 300.000 personas.
El seísmo obligó a cerrar el aeropuerto de Yogyakarta, debido a que las instalaciones sufrieron grandes daños, y a desviar los vuelos a Solo, y también la estación de ferrocarril estuvo cerrada durante casi todo el día, aunque el tráfico se restableció cerca de la noche.
En Yogyakarta, la población se lanzó a las tiendas que estaban abiertas para acaparar productos, ante el temor de nuevas sacudidas, y en muchas zonas se cortó la electricidad. En el distrito de Sleman la falta de electricidad era total. Numerosas personas pasaron la noche en las calles por temor a nuevas réplicas, especialmente después de que se extendieran rumores de que por la noche iba a producirse un terremoto aún más fuerte.
Aunque responsables científicos han dicho que el terremoto no tiene relación con la actividad que viene mostrando en las últimas semanas el volcán Merapi, tampoco descartan que haya más erupciones. |