«A las nuevas generaciones les falta motivación y sentido del trabajo, pero la culpa no es suya, sino nuestra. Esperaremos a otra generación»
|
|
«LO HACE en un momento, es una pasada», comentan las personas que contemplan asombrados su trabajo. La labor de forja del navarro Alfredo Zatorre, de 70 años, que muestra su trabajo al público en la XXIII Feria de Artesanía de Getxo, que se clausura hoy, atrae a todo tipo de público, incluido a la infancia. «Podría decir que nací con las manos sucias de carbón. Mi padre y mis cinco hermanos se dedicaban a lo mismo», asegura Zatorre, que confiesa que un buen trabajo de fragua «convierte el hierro en plastilina».
Imagino que no recordará la primera vez que hizo un forjado.
Pues te equivocas, aunque ha pasado tiempo. Imagino que tendría unos 5 ó 6 años porque apenas llegaba al yunque. A mi madre se le había doblado un cuchillo y traté de enderezarlo. Como no llegaba y golpeaba mal con el martillo, se fue doblando hasta que se rompió.
Lo de la chimenea, el carbón y el golpeo del martillo le vendrá de familia. Pocos niños tienen una fragua en casa...
Claro. Mi familia es del pueblo navarro de Fustiñana y ya mi abuelo y mi padre se dedicaban al forjado. Al igual que mis cinco hermanos. Mis mayores eran carreteros, hacían coches de caballos, y luego pasaron a construir maquinaria agrícola: remolques, segadoras y trilladoras. Podría decirse que nací con las manos sucias. Por lo del carbón, lo digo.
Creo que tiene hermanas, pero el forjado se asocia siempre al mundo masculino.
Tengo dos, pero no se dedicaron a la forja. Eran otros tiempos y la mujer se dedicaba a otras cosas. Eso sí, a mi hija le gusta, aunque no se dedique a ello.
No me extraña, le veo a usted y el trabajo parece duro y sucio. Además, trabaja con fuego.
¿Sucio? Si te manchas, te duchas y ya está. Y lo de duro... calor de verdad y trabajo duro, el del albañil. Este calor es distinto al del sol.
Ya, pero no veo yo a muchos jóvenes eligiendo la forja como salida laboral. ¿Le preocupa?
Claro, es lógico que me preocupe. A las nuevas generaciones les falta motivación y sentido del trabajo, pero la culpa no es suya, sino nuestra. Es lo que les hemos enseñado. Tendremos que esperar otra generación, unos 15 ó 20 años, para intentar recuperarlos.
A usted la forja le ha apasionado y, además, le ha servido como medio de vida.
Cierto, pero no es fácil hoy en día. Por ejemplo, me acaba de venir un señor de una tienda pidiéndome cabeceros de tubo para camas. Le he dicho que sin problemas, pero cuesta cada uno 50.000 pesetas porque serían de hierro macizo. Claro, a él no le ha interesado porque prefiere comprar el hierro forjado en frío, que cuesta menos.
Cuénteme cómo logra vencer la dureza del hierro a base de martillazos.
El hierro es como la plastilina. Le golpeas con el martillo a 800 grados y lo puedes moldear. Y cuando llega a 1.300 grados puedes crear lo que quieras, ya que se pega.
Por cierto, ¿qué me puede ofrecer si le pido trabajo?
De todo. Lámparas para el techo, barandillas de escalera, sillas, camas, palanganeras, soportes de mesa, verjas, como la que hice para la plaza de Plentzia, o puertas de chalet. Le hice una enorme y preciosa a un gallego de A Coruña, para su chalet, que le costó 700.000 pesetas.
¡Y eso que está usted medio jubilado!
(Risas). Es que el forjado es mi vida. Me lo paso bien, no me parece duro. Ahora estoy pensándome asesorar a un señor de Iruñea que está preparando un taller. Iría a enseñar a los chavales, y esto, la verdad, es algo que me parece muy bonito. |