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Punto de la Biblioteca Central habilitado para "liberar" libros. Gorka Estrada |
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El Bookcrossing no cuaja en Donostia
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LA GENTE QUE recoge un libro no entra en el juego de escribir el diario de viaje del mismo en internet Hace un par de años un "bookcrosser" animoso, Fabián Rodríguez, se dirigió al Patronato de Cultura para que la práctica de "liberar" libros tomara fuerza en Donostia. Pese a que se instaló un punto con este objetivo en la Biblioteca Central parece que la experiencia no acaba de convencer a los donostiarras.
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Arantxa Lopetegi Donostia
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PARECE QUE a los donostiarras no nos gusta eso de dejar un libro "abandonado" para que otros lo disfruten. Y menos aún tomarnos el trabajo de etiquetarlo antes de "liberarlo" en algún punto de la ciudad.
La idea que sustenta el "Bookcrossing" no es otra que «convertir al mundo entero en un biblioteca participativa», siguiendo unas pautas a las que se puede tener acceso en la web www.bookcrossing-spain.com en la que, si se cumple con lo que se propone, la persona que ha "liberado" el libro podrá seguir su viaje.
Para facilitar la tarea Donostia Kultura decidió colocar en la Biblioteca Central de Alderdi Eder un punto estable en el que pudieran depositarse los libros, pero tampoco aquí los resultados son «como para echar cohetes». El responsable de la biblioteca Patxi Presa, asegura que los libros que se depositan en este punto desaparecen pronto, pero no entran en circulación. Es decir, que quien los coge se los queda y punto.
Además, las personas que los depositan, en su mayoría, no se toman previamente el trabajo de registrarlos y etiquetarlos, una labor que asume la propia biblioteca.
En 2004 sólo se registraron el 10%, de los libros que se depositaron en este punto, el resto probablemente se hallará ocupando un lugar en las estanterías de alguno de los usuarios de la biblioteca.
En 2005 el porcentaje ascendió algo, llegando al 12%, 300 volúmenes, aunque sigue siendo muy bajo.
El "Bookcrossing" es, además, una forma de «hacer amigos» sin que importe edad, sexo o condición. Así lo ha vivido Fabián Rodríguez, activo integrante de esta cadena de personas que quieren compartir lo que sintieron al leer un libro.
La cuestión radica en hacerlo correr, en que pase de mano en mano y sus etapas se vayan registrando, creando una especie de cuaderno de bitácora en la red.
Un libro "liberado" en Donostia puede llegar a puntos muy lejanos, siempre que esa cadena no se rompa.
Tres son las premisas sobre las que se sustenta esta práctica, leer un libro, registralo en la web y ponerle el número de registro que se le asigne para poderle seguir la pista y, por fin, "liberarlo" donde se quiera, a la sombra de un árbol o al calor de una cafetería.
De momento los donostiarras parecen no estar por la labor quizás, según Rodríguez, pequemos de «individualistas» y nos cuesta dar el paso de decir adiós a un libro.
¿Será porque llueve y nos preocupa que se mojen?. La respuesta la tiene cada cual y probablemente se encuentre entre la pereza y el desconocimiento. |
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