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La perversión de las mayorías cualificadas
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Iñigo Olabarri
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El referéndum que el fin de semana pasado tuvo lugar en Montenegro y en el que esta república decidió independizarse de Serbia ha sido un proceso que se ha seguido con mucho interes desde Euskal Herria. Un referéndum en el que la sociedad montenegrina ha decidido sobre su futuro político y cuyo resultado ha sido el nacimiento -o renacimiento- de un nuevo estado en Europa. Lo preocupante de este caso y de los casos semejantes que en el futuro pueda haber, es que en este tipo de referéndum parece normal que, tal y como algunos partidos políticos reclaman en Euskal Herria, se exijan mayorías cualificadas para refrendar una decisión de la ciudadanía. Es evidente que ante cualquier decisión sobre el futuro político de una sociedad el mayor consenso posible allanaría un camino de por sí dificil, pero eso no significa que en caso de que ese consenso no exista, haya que exigir mayorías cualificadas para el refrendo de una decisión en la sociedad. La mayoría cualificada pervierte el principio de la democracia. Tomando como referencia el caso de Montenegro, por ser cercano temporal y geográficamente, la exigencia de una mayoría cualificada, en este caso del 55%, nos parece un error grave. Esta exigencia pudo haber generado un conflicto civil en caso de que el resultado del referéndum hubiera sido ligeramente diferente. ¿Qué habría sucedido en el caso de que los partidarios de la independencia, a pesar de sacar más de diez puntos de diferencia a los partidarios de la unión con Serbia, se hubieran quedado en el 54,9%? ¿Se plegarían a una decisión impuesta por la minoría? Puestos a exigir cualificaciones a las decisiones de la sociedad podrían haber planteado el referendum de otra manera: que los favorables a la unión con Serbia tuvieran que lograr un 55% en el referéndum y, en caso contrario, se optara por la secesión. Se ha insistido mucho en el aspecto del porcentaje para la mayoría cualificada establecido por la Unión Europea, pero en la Ley de Referéndum de Montenegro hay otros aspectos más reseñables que el mencionado. El primero es que si se hubiera dado el caso de que los favorables a la independencia no llegaran al porcentaje exigido, en tres años se podría haber vuelto a plantear un referéndum sobre la independencia; el segundo es que ese referéndum se podría haber convocado con la aprobación de la mayoría de los representantes del Parlamento de Montenegro. Una decisión en la que Serbia no tendría nada que decir.
Iñigo Olabarri miembro de Aralar |
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