El presidente del Congreso, Manuel Marín, suplicó a los diputados del PP «¡Gritos pelaos no, por favor!», mientras protestaban por el tiempo de intervención de su líder, Mariano Rajoy, y arreciaban las consignas que provocaron el momento más tenso de la primera sesión del debate del estado de la Nación.
El rostro del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, reflejaba la preocupación por una situación que terminó por suscitar gestos insólitos como el abandono de la tribuna de Rajoy, que dijo que le echaban.
Marín convocó una futura reunión de la Mesa de la Cámara para hacer públicos los tiempos que se han adjudicado a los portavoces de la oposición desde que comenzaron los debates, y que, según aseguró, ahora resultan más favorables que nunca.
Más tarde, en los pasillos, el presidente del Congreso reconoció que ya esperaba esta actitud del PP, y desveló que hace tiempo que ordenó apagar los micrófonos de ambiente para que se oigan menos los insultos que se lanzan en los plenos.
La mañana había comenzado con un discurso optimista, centrado en la política económica y social, que Zapatero adornó con distintos anuncios sobre planes de desarrollo, pensiones e infraestructuras, que le fueron recompensados con aplausos de los socialistas.
De la bancada del PP sólo salió un grito de «agua para todos» -que se repetiría en muchas ocasiones a lo largo de la sesión-. |