EL DÉFICIT comercial estadounidense correspondiente al pasado mes de abril ha resultado algo menos dramático de lo que esperaban los estudiosos de la disciplina.
Han sido 63.400 millones de dólares, un 2,5% más que en marzo, y 1.600 millones de dólares por debajo de las previsiones de unos analistas que continúan acreditando sus dificultades para avanzar criterios con unos grados mínimos de solvencia, aunque es obligatorio reconocer que es el caso donde el error ha sido menos abultado de los últimos tiempos.
En esta evolución parece haber jugado un papel determinante la debilidad del dólar. A esta conclusión se llega a partir de la trayectoria de las exportaciones, que han caído un 2%, mientras que las compras en el exterior, en valor, que no en cantidad de bienes, aumentaron el 0,7%.
El aumento registrado por los precios del petróleo, un 4% en el mes, vuelven a ser la causa fundamental de este desajuste, que incorpora un elemento hasta ahora casi desconocido: la importación de componentes automovilísticos, que se ha incrementado en un 12%, hasta alcanzar la cifra histórica de 21.400 millones de dólares.
El desarrollo de los automóviles híbridos que anuncian Ford y General Motors parecen ser la causa de es fuerte incremento de compras en el exterior. Ambos constructores automovilísticos planean ensamblar los nuevos modelos de esta tecnología híbrida dentro del territorio estadounidense.
Evidentemente, el déficit comercial con China ha continuado aumentando, aunque ha moderado su progresión. En abril, el desequilibrio entre ambos países a favor de los asiáticos sumó sólo un 2% y fue debida fundamentalmente a causa de la caída en el valor de las exportaciones estadounidenses.
Es decir, que al menos en abril parece que Washington ha logrado su objetivo de frenar un desequilibrio, el de sus relaciones comerciales con China, que últimamente viene representando una severa amenaza para la economía norteamericana. |