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Miroslav Klose remacha a la red el segundo de sus goles, después de que el guardameta Porras no pudiera atajar el balón con firmeza. Reportaje fotográfico Efe y Afp |
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Golazos de maquillaje
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Alemania tira de eficacia para superar su descontrol y los zarpazos de Wanchope
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Igor Santamaría
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QUE EL envite encargado de levantar el telón expirara con media docena de goles -auténticos golazos- es para felicitarse, para intuir un Mundial grandioso, espectacular, mayúsculo, de rompe y rasga. No en vano, los partidos inaugurales se decantan por un error ínfimo, aburren al hincha más apasionado y, en ocasiones, ponen en tela de juicio al a priori favorito. Alemania promete más. Mejor dicho, Alemania como organizadora del evento. La otra, la selección, está por ver. El trébol que se marcó ayer fue más un ejercicio de contundencia que de convencimiento. Wanchope, un punta que acostumbra a hacer lo que mejor sabe, lo máximo que se puede permitir Costa Rica, puso de los nervios hasta en un par de ocasiones al Arena. El manantial ofensivo germano se contradice con la fragilidad en retaguardia, a poco peligro que plasme el rival. Los tiempos cambian.
Al cuarto de hora quedaron en evidencia las carencias "ticas" y los problemas de la anfitriona. El equipo centroamericano partió en desventaja desde el vestuario dado que, al situar a cinco zagueros, condenó a sus tres volantes a la incapacidad de recuperar el balón en mediocampo y de frenar las apariciones de la segunda línea local, como la fraguada por Lahm para incrustar el cuero por la escuadra, o la irrupción de Schweinsteiger para que Klose arrancara su particular festival... Después de que rompiera el fuera de juego "Chope". Kahn, desde el mismo banquillo en el que Ballack presenció el choque, comprobó asimismo que el mano a mano no es el mayor arte bajo palos de su "compañero" Lehmann. Klinsmann se sobresaltó con la transformación de sensaciones: de golear a reanimar a su adversario.
El "cañonazo" de Frings
El panorama disminuyó enteros en la reanudación y Miroslav, evocando aquella tarde ante Arabia Saudí, se propuso cortar de raíz cualquier aspiración costarricense. Paulo no estaba dispuesto a regalarle el protagonismo y recortó distancias, apretando las gargantas germánicas, con permiso del árbitro argentino Elizondo. Torsten Frings, de un soberano golpeo desde unos 30 metros, dio carpetazo al asunto, engordó los números, maquilló la imagen y organizó tremendo disfrute en las gentes del país. El entorno mediático no finalizó igual de satisfecho. El orden táctico de Alemania es tan manifiestamente mejorable que su carácter no siempre bastará para superar al oponente de turno, y más aún según avance la competición.
El primer conejo que el Mundial se sacó de la chistera no despejó dudas. La muchachada de Jurgen insiste en trazar idéntico panorama al de los amistosos recientes, demasiado blanda en los cuartos traseros y fiándolo todo a la inspiración de sus "killers". La de Guimaraes cumplió con su expediente y amagó. Goles, suspense, emoción... Los mejores ingredientes se citaron en el estreno para encontrar un rincón en la estadística, al lograrse la mayor cantidad de dianas en un choque de apertura. Fue un recital en el que cantaron todos y desafinaron muchos. Lo más bello, la materialización de los goles. Tanto, como la entrada previa de la Schiffer al campo. Y ésta, sin maquillaje. |
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