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Mayo lidera la subida al Izoard con Moreau y Menchov a su estela. Afp |
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Mayo está de vuelta
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El de Igorre, segundo tras el francés Turpin en la Dauphiné, emite signos de recuperación tras dos años sombríos
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César Ortuzar Bilbao
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La dauphiné es uno de los balcones al que se asoma el Tour. Los ciclistas que desean enredar en la ronda gala tienden a aparecer en las terrazas de la Dauphiné. Uno de los escaparates más prestigiosos del planeta ciclista. Iban Mayo estuvo ayer, mucho tiempo después, en esa urna de cristal, en el territorio de los elegidos. Finalizó la etapa en segundo lugar, tras el galo Ludovic Turpin (Ag2r), que aventajó al vizcaino en 26 segundos. El de Igorre apareció en meta baqueteando el manillar con el puño por la rabia contenida. Ese gesto de ambición, de ganador, de esperanza anuncia a un Mayo en progresión, con la mirada clavada en el horizonte. En el futuro. Lo más importante para Mayo fue estar, volver a ser. El de Igorre ha pernoctado demasiado tiempo alejado de los focos, de los ganadores, y al fin, camino de Briançon con el Izoard vigilante, el corredor del Euskaltel-Euskadi envió un mensaje de ilusión para dentro de tres semanas, para el Tour.
Hace un par de años, Iban Mayo subió a la luna del Mont Ventoux en un cohete que achicharró a Lance Armstrong y venció la general de la Dauphiné. Ocurrió, empero, que el julio francés calcinó el arrojo de Mayo, su cuerpo y su mente. Desde entonces, el de Igorre ha vivido atrapado en una maraña de problemas. Por eso cuando se estiró bajando el Izoard en cabeza de un grupo donde estaban Leonardo Piepoli (Saunier Duval), Christophe Moreau (Credit Agricole), Denis Menchov (Rabobank), George Hincapie (Discovery), Caucchioli (Credit Agricole) y el líder de la carrera Levi Leipheimer (Gerolsteiner) y después atacó en la ciudadela de Briançon a un kilómetro y medio de la gloria alejándose de los favoritos para buscar a Turpin, un suspiro de confianza anegó la mente de Mayo. A tres semanas del Tour, el cuerpo de Mayo parece estar subiendo hacia el pico de una colina llamada forma, esa que le abandonó de golpe y porrazo en 2004.
El Izoard huele al julio francés, es uno de esos puertos por donde la Grande Boucle pedalea. Ludovic Turpin fue el primero en aproximarse al coloso alpino, el francés era el único superviviente de la fuga que compartió junto a Jerome Pinaud (Bouygues) y Thor Hushovd (Credit Agricole) desde el kilómetro 38 de carrera. Buscando a Turpin se arremolinó un grupo con Mayo, Moreau, Piepoli, Mazzoleni...El italiano del Saunier Duval fustigó la calma de la subida, pero Moreau no estaba allí de miranda y no dio cuerda a Piepoli. Mayo se había caído kilómetros antes tras hacer el afilador con un corredor del Discovery y se dañó el brazo derecho. La caída, a punto estuvo de noquear al de Igorre, que sufrió mareos. Por fortuna el pelotón no llevaba excesiva prisa y Mayo se reincorporó. La cabeza le dolía, pero sobre todo, el encontronazo con el asfalto sirvió a Mayo para enrabietar sus pedales. Para pellizcar su orgullo.
Ataque en el descenso
El Izoard da para mucho y los favoritos avanzaron más o menos juntitos hasta la corona del puerto. Entre otras cosas porque Moreau y Mancebo (Ag2r) controlaban al revoltoso Piepoli, Leipheimer, el líder, y Menchov libraban otro frente de cara a la general y a Mayo le faltaba chispa para dinamitar la carrera cuesta arriba, así que tras coronar lo intentó hacia abajo. No le dejaron despegar así que soltó su mejor latigazo en Briançon. Se fue a por Turpin, tras deshacerse del marcaje de Mancebo, y alcanzó la meta aporreando el manillar con su puño. No se trataba de una reacción de derrotada porque ese puño sobre el manillar anunció el regreso. La vuelta de Mayo, que ayer logró por vez primera puntos del UCI Pro-Tour, un síntoma evidente de la pesadilla del vizcaino en sus dos últimas temporadas.
Hoy se disputa la etapa reina de la Dauphiné con el ascenso al Galibier, La Croix de Fer, el Col de Mollard y el final en alto en la Toussuire, un anticipo de lo que será la jornada, a priori, más dura del Tour de Francia. Leipheimer parte en esta exigente jornada con 28 segundos de ventaja sobre el ruso Denis Menchov, vencedor en la cima del Mont Ventoux.
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