Esta es una letra para una canción de desengaños que bien pudiera llamarse la milonga de los desangelados. Estaban abiertos de par en par los balcones de la esperanza por ver pasar, calle abajo, la procesión de toros y toreros triunfadores del pasado año y el mal viento racheado de soplo trocido de los toros malos los cerró de golpe. Vista Alegre vivió ayer una tarde sin nada que llevarse al diente de la memoría salvo dos o tres muletazos -leánlo bien, dos o tres, tan sólo...- de Cayetano Rivera Ordóñez, que contó con la aparición de ‘‘Merenguito’’, su primer novillo, como una bendición del cielo. No fue un animal de bandera pero sí el único que pasó el trance de la muleta sin titubeos, con cierta longitud de miras. El arranque genuflexo de la faena, llevándose al toro hacia la boca de riego con un suave abaniqueo de gehisa, fue, junto con un pase desmayado y hondo en el comienzo de la faena a ‘‘Guapito’’, el último de su lote, lo único que queda a resguardo de una tarde a la deriva.
Traiciones de la memoria
Se esperaba el cielo de la tarde de ayer porque la memoria es traicionera y juega a los equívocos. Así, el recuerdo de Juan José Padilla, Corazón de León, pareció avivarse con la larga cambiada de rodillas con la que desabotonó la tarde. Puro espejismo. El diestro bautizado como el Ciclón de Linares se estrelló contra los dos acorazados que escoltaron su regreso a Bilbao. Tanto ‘‘Abrigado’’ como ‘‘Dormidero’’ no dejaron otra huella que la de una mansedumbre de ley. Ocurre con estos toros de medio pase, tardos y quedones, que uno acaba por verles como soldatitos de plomo y las actuaciones de Padilla (o de cualquier otro, es justo decirlo...) pierde el trallazo de la emoción y se quedan en vaho, en humo de pajas, en nada pese a que en medio del páramo, el diestro intentase reavivar la tarde con los juegos malabares de sus banderillas.
Otrotanto sucedió con ‘‘El Juli’’, quien al primer compás comprobó como ‘‘Prisionero’’ lo era de la báscula (¡qué toro más gordo, por Dios!) y acabó desesperándose con el desfile de inválidos (hubo dos devoluciones...) que hubo de presenciar en su segundo turno, turno de oficio que despachó por la vía de los maestros listos, esos que saben que sin mapa no se pueden buscar tesoros. |