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Iñaki Larralde mejoró ostensiblemente en la recta final. Aspepelota.com |
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Inoportuno retraso
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César Ortuzar Bilbao
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Esperando se va el invierno y llega el verano. Esperando, las nubes acaban en sol. Esperando, la oscuridad se convierte en luz. Esperando, el brillo se amorata. Esperando, uno desespera... Eso le ocurrió al bueno de Iñaki Larralde en su debut en el cuatro y medio "sanferminero". El delantero lesakarra asomó al partido demasiado tarde, en época de rebajas. Si hubiera empalmado antes con su juego atrevido, tal vez a Enrique Galarza se le hubiera congelado la sonrisa después de dilapidar una fortuna de tantos. Galarza V se parapetó en el pensamiento de que su tesoro era inagotable y a punto estuvo de pedir un crédito personal. Vencía por 20-8 y para cuando se dio cuenta el marcador parpadeaba un inquietante 21-18. El tanto final se lo llevó el de Baraibar en la incontinencia atacante de Larralde. Algo muy destacable porque define a un delantero con arrojo y moralmente sólido aunque llegó con un inoportuno retraso al duelo.
Eso fue al final, porque en el amanecer de su iniciación en el torneo los nervios le comieron el juego. Falló demasiado ante un delantero con más horas de vuelo y eso resulta fatal a estos niveles. Larralde comentaba hace unos días a este periódico que no se puede regalar, pero decirlo es más sencillo que hacerlo y los presentes fulminaron a Iñaki. Galarza V jugó serio, sin concesiones. Tomó ventaja y siguió a lo suyo: madurar a Iñaki y rematar con sentido y con los pies bien anclados. De las apreturas del 6-5, el de Baraibar, aconsejado por su tío Ladis desde la silla, puso el turbo. Larralde colaboraba en la estirada de su adversario con errores a los que vestía con papel de regalo. Galarza, timón en mano, llevaba el partido por la desembocadura que más le apetecía y Larralde tenía que ir construyendo muros de contención, de un lado para el otro, hasta que al capitán del navío le dio por arriar las velas y dejar que la corriente atracara el barco en puerto victoria.
En ese instante de relax de Galarza en el camarote, de desgobierno, se amotinó Larralde. El de Lesaka, tremendamente combativo vio en el oscuro horizonte una posibilidad. Lo que los psicólogos llaman pensamiento positivo. Larralde se soldó al optimismo y dejó los nervios a un lado. Cambió de pelota y sacó las tijeras rematando formidablemente. De la sala para maquillar el resultado, pasó al quirófano. Con la precisión quirúrgica que se le presupone a un cirujano obró maravillosamente con el bisturí. Realizó un final espectacular. Metió a Galarza en un laberinto de problemas de difícil solución. Limó y limó hasta que un gancho al ancho enganchó a Galarza a la semifinal, donde se enfrentará a Patxi Eugi. |
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