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Kawaguchi celebra el penalti que le detuvo a Srna en el minuto 21 de la primera parte. Afp |
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Dos penas máximas
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Croacia frustra sus expectativas al tropezar con Japón, que detuvo un penalti y fue privado de otro
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Igor Santamaría
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EN EL MANUAL de fútbol japonés no hay lugar para la protesta. Pero una cosa es ir de humildes y otra bien distinta pasarse de "tontos". Como ante Australia, cuando el duelo marchaba en tablas, un nipón, Oguro en este caso, fue objeto de un flagrante penalti en el último minuto que bien podía haber desatado el nirvana asiático. El árbitro de turno, el mismo que en la primera parte sí vio la entrada de Miyamoto sobre Prso, y que desperdició Srna desde el punto fatídico, hizo como que carecía de dioptrías suficientes. Allí emergió, a lo "Benji", Yoshikatsu Kawaguchi para estirar la mano y posibilitar un empate que echa por tierras todas las bondades que Croacia apuntó ante Brasil. Nunca, y menos en un Mundial, se puede vivir de las rentas.
Animado por su hermano Yuichi, el guardameta destacó pronto en el colegio, conquistando en 1991, como capitán del Shimizu Shogyo, el campeonato universitario del país. Tras su licenciatura en 1994, se enroló en el Yokohama Marinos, donde tuvo como mentor a Matsunaga, considerado por todos como el mejor portero del momento. Kawaguchi fue elegido novato del año y colaboró en el título liguero de 1995. Ante los de Kranjcar pudo comprobarse cómo le gusta iniciar el contraataque distribuyendo el balón con rapidez, hábito que impulsó en Atlanta’96, donde Japón batió a la canarinha por 1-0. Su peor instante coincidió con el Mundial de su tierra natal, en el que perdió la titularidad tras un breve paso por el Portsmouth, defendiendo ahora al Jubilo Iwata. Para júbilo, el de ayer, aunque en algunos lances, como en una cesión que casi la pifia, evidencia las limitaciones con respecto a los metas del fútbol del primer mundo.
El encuentro se disputó al pie, a un ritmo cansino, con escasas virguerías aunque Zico trate de inculcar su libreto a Japón, que puso el entusiasmo mientras los croatas mostraron falta de imaginación. Klasnic lo intentó pero su pólvora se mojó desde el momento del chut. Niko Kranjcar , el "hijísimo", sumaba puntos para ser el hombre de la tarde, erigido en boya atacante, con un repertorio de controles y asistencias notable, disparo al travesaño incluido. Japón retornó tras el descanso con las mismas ganas e idéntica candidez, con Yanagisawa errando lo increíble. La arlequinada, agazapada, esperaba el zarpazo definitivo, pero las manecillas avanzaron sin sobresalto, a medida que el calor hacía mella en las piernas. Sólo el orgullo y la tan manida experiencia la sostenían. La igualada deja tocadas a ambas, aunque el milagro sería mayor en el bando nipón, que "únicamente" debería vencer a Brasil. Hay proezas que se tornan imposibles. Más aún, con Zico en casa. |
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