Para este profesor de sociología de la Universidad de Alicante, el alto el fuego permanente de ETA es una oportunidad inmejorable que no se debería desaprovechar. Conocedor milimétrico de conflictos internos violentos como el de Suráfrica y Colombia, José María Tortosa habla con cautela de la tregua y alerta de los peligros que la acechan.
¿Cómo ve el proceso abierto entre el Gobierno y ETA?
Voy a decir una banalidad: lo veo con esperanza pero con suspicacia. Creo que este alto el fuego es más positivo y esperanzador que la tregua de 1998 pero hay que mantener mucha cautela porque este tipo de cosas pueden volverse atrás. Y no sólo porque el Gobierno cometa errores o ETA haga alguna barbaridad sino porque hay también gente a la que le interesa que esto no funcione y, por tanto, cualquiera puede hacer que este proceso salte por los aires.
¿A quién se refiere?
Es bastante lógico viendo lo que ha pasado en otros sitios. En primer lugar, a un sector de la propia ETA, que puede tener idénticas tentaciones a las que tuvo el IRA Auténtico. Pero también debemos observar lo que pasó en la España de finales del XIX y principios del XX, en el que nunca se supo quién desestabilizaba, si los empresarios, anarquistas o los mismos policías interesados en que se mantuviera una cierta dinámica de violencia.
Entonces, ¿hay peligros fundados de que este alto el fuego no termine cuajando?
No digo que haya peligro. Me refiero a que esta situación no tiene dos, tres o cuatro actores, sino muchísimos más. No se puede olvidar a las víctimas del terrorismo, algunas de las cuáles rechazan cualquier forma de acuerdo y, por lo tanto, pueden tener tentaciones de torpedearlo.
¿Quizá el primer elemento que debe encararse para avanzar sería el de despojarse de esa dualidad mitificada, la que usted define como "nosotros buenos, ellos malos" sea del bando que sea, y encarar lo único real en este conflicto, los muertos?
Puede ser. Pero no solamente es aplicable en el "caso vasco". Una de las cosas más primitivas del hombre es trabajar con dicotomías. De la tradición monoteísta hemos asimilado el maniqueísmo, es decir, nosotros somos los buenos y los otros son malos. Esto no coincide con esta realidad puesto que decir que sólo los malos son ETA, ni siquiera es cierto empíricamente. Ha habido GAL, ha habido denuncias de torturas de Amnistía Internacional, ha habido alejamiento de presos contra todo derecho humano. Lo primero que se debe hacer ahora es romper las dicotomías morales.
Y llegado ese punto, ¿será necesario hacer una terapia social para cerrar las heridas?
Sí. La reconciliación tras un conflicto y la reconstrucción de los lazos humanos y sociales perdidos serán fundamentales.
Entonces, ¿será ineludible que se pida perdón?
Es indudable que la cuestión del perdón tiene diferentes niveles. Hay más muertos por ETA pero también hay muertos de ETA. Si se habla de pedir perdón, lo deberán de hacer ambas partes.
Y, ¿por dónde empezar?
Reconstruyendo una memoria centrada en el impacto de la violencia de ETA abriéndonos, al mismo tiempo, a tener en cuenta el sufrimiento de gente que ha vivido experiencias traumáticas en el otro lado. Es una vía difícil y compleja, pero es una manera de empezar a reconciliar a personas que ahora están enfrentadas.
Sin embargo, encarar este capítulo tan sensible parece imposible mientras se mantenga la polarización social resultante de años de terrorismo...
Ya digo que plantearlo ahora es difícil, incluso puede no ser conveniente, sobre todo en determinados ambientes políticos y sociales, pero creo que habrá que hacerlo.
¿Quizá es importante comenzar por buscar una salida política y dejar aparcado el sufrimiento para más tarde?
Sin duda. La secuencia más sensata del proceso que algunos hemos racionalizado comienza con desbloquear una situación de "impass" caracterizada por la crispación extrema y sin que nadie de su brazo a torcer. Esto ya se ha hecho. El siguiente paso, el que intentamos dar ahora, seguirá siendo político pero tendrá una mayor complejidad técnica porque tratará de abordar lo que rodea a los presos y a la entrega de las armas. En el Ulster, los primeros contactos en este sentido comenzaron en 1993 y aún no ha concluido porque todo sigue a expensas de la verificación. Hay que tener paciencia, es un proceso largo.
Respecto al conflicto de Irlanda, ¿encuentra similitudes de resolución con el vasco?
No hay semejanzas políticas. En Irlanda existen claras dicotomías entre católicos y protestantes, ricos y pobres, que llega, incluso, a la separación territorial entre bandos. En el caso vasco ocurre lo contrario. Hay más complejidad porque no existe una ruptura física entre nacionalistas y los que no lo son, porque hay varios tipos de nacionalismo en un lado y varios tipos de, llamémosle, "españolismo" en el otro, porque todos conviven entrelazados, porque las clases sociales cortan a ambos bandos de igual manera. Sin embargo, esta situación, que puede parecer imposible, ayuda a trascender el conflicto con mayor facilidad que en Irlanda.
¿Existe un diagnóstico realista de la situación vasca como para comenzar a restañar las heridas producidas por el terrorismo?
Me temo que no y todavía falta tiempo para conseguirlo. Para muchos es difícil empatizar mínimamente con Ibarretxe y ya no digamos con Otegi, y para otros es imposible hacerlo con los socialistas y, menos aún, con los "populares". Ese ejercicio no lo hemos hecho todavía y habrá que hacerlo.
Conoce otros conflictos armados, donde la reconciliación están resultando complejos. ¿se puede aprender de estas experiencias?
Espero que en Euskadi no será tan difícil la reconciliación como en Sudáfrica o Colombia. Es muy importante, diría que fundamental, tener en cuenta que la reconciliación en Euskadi será fundamental para que el fin de la violencia sea definitivo.
¿Y cómo abordarlo?
Lo que ha ocurrido ahora es una rendición, la de ETA. La enmascaren como la enmascaren, ETA ha entendido que la guerra la ha perdido. Por lo tanto, la cuestión no consiste en machacarles; hay que evitar la humillación del vencido.
Y con su experiencia de observador en otros conflictos, ¿qué escollos deberán superarse?
El interés electoral de los partidos políticos, la teoría de la bicicleta de los propios miembros de ETA, es decir, que si dejas de pedalear te caes y por lo tanto, puede resultar para algunos mucho más arrebatador seguir siendo un "patriota" que funcionario de correos.
Por cierto, ¿qué papel pueden jugar en todo este proceso las organizaciones pacifistas?
En 1998, cuando se anunció la anterior tregua, hubo gente de Gesto por la Paz que pensó que había llegado la hora de disolverse. Les dijimos que esperaran a que avanzara más el proceso. Y acertamos. Ahora, volvería a recomendarles lo mismo aunque por motivos distintos. Los capítulos de la reconciliación, de tender puentes entre las partes enfrentadas, están por llegar.
¿Y los partidos?
Deben asumir una responsabilidad que está por encima del interés electoral. A muchos puede preocupar, por ejemplo, la posición del PP. Cuando el Partido Popular dice que no se debe pagar un precio político para consumar la paz, está jugando electoralmente porque se pagará un precio aunque con limitaciones. La paz tiene un precio.
¿Cuál?
Esta claro que la amnistía y Navarra no, pero algún tipo de excarcelaciones es muy posible que se haga, el acercamiento de los presos también y la derogación de la ley de partidos, por supuesto. Estas concesiones son precios políticos que se deberán pagar y que si provocan el abandono de la silla por el PP, generará problemas. Su lugar no podrá ser ocupado por nadie porque el Partido Popular es fundamental en este proceso. |