SI ALGO SE ANTOJA ya eterno es la manzana. La discordia de la manzana. O la guerra entre los sexos, descrita ya en las sagradas escrituras. Ni siquiera la Iglesia anglicana, que ya hace catorce años, en 1992, aprobó el acceso de las mujeres al sacerdocio, se ha librado de la secular costumbre del hombre en evitar a las féminas la tentación, ya que el poder es tentación: la elección de Katharine Jefferts, hasta ahora obispo, para liderar un ramal anglicano de Estados Unidos, la Iglesia Episcopaliana, ha desatado una tormenta. Hay quien apunta claramente ya a un cisma entre los sectores conservadores y liberales de la iglesia de Canterbury.
En el fondo, la reacción no es sino la vuelta a los orígenes de la Iglesia de Inglaterra, creada por Enrique VIII tras romper con el Papa Clemente VII al negarse éste a que el rey inglés repudiara a Catalina de Aragón. Enrique VIII, convertido en cabeza de la nueva iglesia, repudió a su reina. Ahora se trata de repudiar a una obispa, la que ha sido elegida para dirigir los pasos de 77 millones de fieles.
77 millones de fieles
Sí, setenta y siete millones. La Episcopaliana es la tercera iglesia en importancia en Estados Unidos y, por tanto, goza de un peso específico importante entre los anglicanos que, al menos teóricamente, están dirigidos por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, quien hace solo unos horas ha declarado al astro del fútbol David Beckham y al líder conservador David Cameron padres ejemplares sin preocuparse por Katharine Jefferts, 52 años, única mujer y el candidato más joven para el puesto.
En Canterbury están ya acostumbrados a las salidas de los episcopalianos, quienes se adelantaron dieciséis años, 1976, a los anglicanos ingleses en la ordenación de mujeres y sólo hace tres años eligieron a un homosexual para obispo, creando el primer gran problema en el seno de la iglesia anglicana no sólo en Estados Unidos.
Aquella elección provocó que varias congregaciones norteamericanas abandonaran la iglesia y hubo obispos de otros países que amenazaron con provocar una escisión que finalmente no se produjo. Sin embargo, todas esas tensiones se han visto agudizadas ahora, manzana, manzana, impulsadas por los sectores episcopalianos que llevan treinta años resistiéndose al precepto aprobado de la ordenación sacerdotal de las mujeres.
De hecho, el obispo de Rochester, un anglicano e apellido con sonido musulmán, Michael Nazir-Ali, da el cisma por hecho. Y la propia Jefferts, quien fue ordenada hace doce años, advirtió nada más ser elegida que «la alineación es a menudo consecuencia de no conocer a otro». Sólo falta por saber si Rowan Williams esgrime, como su colega de Roma, la tradición de siglos como eterna manzana. |