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El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, en una imagen retrospectiva durante un acto de la Guardia Civil . Archivo |
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La jura de bandera de monseñor
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El arzobispo de Toledo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares, fue uno de los 325 civiles que juraron ayer bandera en la Academia de Infantería de Toledo.
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Juan Carlos Latxaga
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VALE. YA SÉ QUE LA IGLESIA NO es un poder del Estado en el sentido estricto, aunque me tendrán que admitir que al menos en este país, hoy y ahora sigue siendo un poder por lo menos un poquito fáctico. Podríamos decir, a la vista de cómo están las cosas, que incluso podría haber disputado a la Prensa el título honorífico de cuarto poder, si la frase se le hubiera ocurrido a alguien de por aquí y no del mundo anglosajón. La recién terminada sesión de la Conferencia Episcopal, en la que hasta el último minuto se mantuvo la duda de si los obispos debatirían sobre la unidad de España o no, es un buen ejemplo de cuánto les gusta a algunos miembros del clero la cosa del poder terrenal. Ya ven que aquello de la sagrada unidad de la patria no era una frase retórica. Al menos no lo era para quienes consideran pecado todo aquel nacionalismo que no sea el suyo.
Afirman los que saben de estas cosas que el sector moderado de los obispos se impuso esta vez a la carcundia y consiguió evitar el bochorno de que se debatiera el asunto de la unidad de España en sede episcopal a pesar de las divertidas teorías acerca de la moral y la patria y la obligación de los obispos de iluminar a los políticos que se atribuye para sí Rouco Varela. Pero aunque esta vez les privaron del debate, ellos, o al menos alguno de ellos, no se priva de hacer pública su fe, no la religiosa, sino la patriótica. Me refiero al arzobispo de Toledo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares, que ayer juró bandera en la Academia de Infantería de su ciudad. Y cuando se dice jurar bandera, no se está construyendo una imagen literaria: se está diciendo que juró bandera, de jurar, con beso, desfile y banda de música. ¿Es necesario a estas alturas que un obispo participe en una ceremonia castrense para demostrar su amor a los colores? ¿Es que Cañizares no hizo la mili y no pudo darse el gustazo en su día, o es que en esto también hay que renovar los votos cada equis tiempo?
Monseñor estuvo acompañado en el acto por el alcalde de Toledo, José Manuel Molina, y de miembros de hermandades y cofradías que suelen desfilar en la procesión del Corpus de Toledo como son el Gremio de Hortelanos y el de los Caballeros Mozárabes. Bono no estuvo, lo que parece confirmar su retirada definitiva de la política. Llámenme pusilánime, o algo peor si les apetece, pero a mí el hecho de ver a obispos jurando banderas y Gremios de Hortelanos y Caballeros Mozárabes desfilando en un cuartel de Toledo, me pone los pelos como escarpias, qué quieren que les diga. |
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