 |
|
|
 |
El actor durangués Julio Perugorria vuelve al escenario interpretando a un niño que tuvo que soportar la dura enseñanza en la época franquista en ‘‘El florido pensil’’. Javier Balledor |
|
|
TELEVISIÓN
|
|
|
|
|
|
|
Julio Perugorria Actor y productor de teatro
|
|
«Si fuera un niño, ahora estaría recogiendo ramas para la fogata»
|
|
Además de como productor, Julio Perugorria vuelve al teatro veinte años después de su debut. Cuando dijo en casa que quería ser actor no entendieron su vocación. «Mis sobrinos siempre han querido ser como el tío Julito», explica.
|
 |
|
Sandra Atutxa
|
 |
«Si llego a saber que me van a entrevistar hubiera ido a la peluquería», decía entre risas el actor y productor teatral Julio Perugorria. Después de veinte años fuera de las tablas ha regresado con ‘‘El florido pensil’’. Del 27 de junio al 1 de julio podremos verle en el escenario del bilbaino teatro Arriaga vestido con un ‘‘baby’’.
¿No tenía mono?
Mucha gente me lo pregunta.
¿Y?
No, porque todo este tiempo he estado relacionado con el teatro.
Pero veinte años es mucho tiempo, ¿no?
Sí, lo es.
¿La vuelta a las tablas ha sido dura?
Uf, mucho. Las primeras representaciones lo pasé mal.
¿Nervioso?
Más que nervioso, preocupado. La responsabilidad pesa mucho.
¿Es exigente?
Cantidad. Ten en cuenta que durante años me he encargado de elegir muchos espectáculos.
Claro, y ahora le van a ver actuar.
Muchos van a verme, sí. Me dicen: ‘‘A ver qué tal lo haces tú’’. Mi vuelta ha creado morbo.
¿Tiene manías?
Sí, todos los tenemos. Por ejemplo, necesito ir dos horas antes al teatro.
¿Para?
Para estar solo, revisar todo.
¿Le ha quitado el sueño?
¿La vuelta? Sí. Incluso, algunos días me he quedado fatal después de la representación.
¿Por qué?
Porque con los pedazo de actores con los que trabajo no puedo permitirme ningún fallo.
Pero somos humanos y podemos cometer fallos.
Lo sé, pero no me vale.
¿Cuántas veces ha visto ‘‘El florido pensil’’?
Cantidad de veces, pero es distinto subirte al escenario e interpretar un papel.
¿Fue buen estudiante?
No, fui malo. A los catorce años dejé de estudiar.
¿Malo, malo?
Ja, ja. Llegaba a clase y en el primer minuto ya estaba de rodillas castigado. No me sabía los verbos.
Huy, las tortas que recibió.
Uf, si yo te contara. Me han dado tantos palos que... Estudiaba como casi todos los niños de mi época en la Escuela Nacional.
Enseñanza a golpe de regla.
Enseñanza de sangre. Me untaba las manos con ajo para que la regla se rompiese.
Niño malo. Vamos a empezar.
¿Con qué?
Con el examen.
¿Ahora, examen?
Quiero saber si aprendió bien la lección.
Y, ¿si no?
Contra la pared.
Uf. ¿Otra vez?
Primera pregunta: ¿Cuáles son las provincias de España?
Ja, ja. ¿No vale las autonomías? Cuando era niño no me las aprendí, pero ahora me ha tocado estudiármelas.
Pues hala, venga, no pierda el tiempo.
Aprendíamos todo cantando. Todo seguido y siempre en el mismo orden. Empezamos por Andalucía: Córdoba, Jaén, Cádiz...
¿Y los ríos de España?
Ja, ja. Segunda pregunta, ¿no?
Creo que no va a aprobar.
Sé las tablas de multiplicar. Cantando también, claro. Dos por dos son cuatro; dos por tres, seis.
Bueno, por lo que veo las matemáticas le van mejor que la geografía española, ¿eh?
Bueno. Recuerdo al profesor, un señor muy mayor. Si le llevabas un puro te levantaba el castigo.
Pues yo no fumo. Así que, el castigo continúa en pie.
Ja, ja. El profesor de la escuela, que era el jefe del Movimiento, tenía en el patio unos rosales preciosos. ¿Y sabes lo que hacíamos?
¿Qué?
Íbamos al mercado con bolsas de plástico para recoger la caca de los burros y llevársela de abono.
Pues vaya rosas que tendría el señor profesor.
Muy bonitas.
Para hacerle la pelota.
Pues claro. Y, ¿sabes lo que hemos descubierto?
Sorpréndame.
Que había problemas de Matemáticas que eran imposibles de hacer.
Claro, por eso no se aprobaba.
También, también, por eso.
¿Cómo se llevaba lo de estar los chicos por un lado y las chicas por el otro?
Pues imagínate.
No se podía ligar.
Pero había trampas.
Ah, sí, ¿eh?
Pues claro.
¿Qué tipo de trampas?
Levantábamos la falda a las chicas para verles las bragas.
¡Jesús María! Ahora mismo al confesionario.
Ya me tocó ir, uf.
Venga, otra vez, sin rechistar y a rezar cuatro ‘‘Padres Nuestros’’. ¿Ahora se confiesa?
¿Ahora? Ni ahora, ni antes todo lo que tenía que haberme confesado.
No me extraña que le castigasen, Julio.
Otro de los temas tabú era el de las pajas. Ja, ja.
Ay, con este niño no se puede hacer carrera.
Ja, ja. Y cuando íbamos a bailar al chicharrillo poníamos espejos abajo para ver...
Ya está bien. ¿A qué jugaba?
A fútbol, a las chapas. Mira, si ahora fuera niño estaría en el monte recogiendo ramas para la fogata de San Juan.
El sentido del humor no le falta.
No, eso sí que no. A pesar de todo ahí sigue.
Los verbos no sé si se los ha aprendido pero, ¿y cocinar?
Tampoco. Si apenas estoy en casa. Por no leer, no leo ni las cartas. Pregunto siempre: ¿qué hay de menú?
Le voy a dar otra oportunidad para no castigarle.
Vale. ¿Qué tengo que hacer?
Cantar el ‘‘Cara al Sol’’.
Ja, ja. ‘‘Cara al sol con la camisa nueeeeeva...’’.
Bueno, por esta vez se salva.
Menos mal.
Ha sido un placer.
Gracias, ha sido divertido. |
|