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24-06-2006
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Un ejemplo de "abanico", movimiento del crupier en el que da las vueltas a las cartas como si fueran fichas de dominó.
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La ruleta rusa del mercado laboral
La escuela de crupiers del Gran Casino Nervión de Bilbao forma anualmente a unos veinte ases de la baraja. El único requisito para entrar es ser mayor de 18 años, pero parece que sólo la necesidad y la curiosidad empujan a los jóvenes a descubrir un mundo al alcance de la mano: el póquer, black jack y las ruletas
Gessamí Forner Bilbao
Acabas la carrera, compras el periódico, visitas el INEM, dejas curriculums, los mandas, te presentas a entrevistas y no hay suerte. El mercado laboral está difícil. Vuelves a releer el periódico, encuentras un anuncio que llama la atención -"Se necesitan crupiers, formación gratuita"-, te pica la curiosidad, descuelgas el teléfono, te seleccionan y te conviertes en un astro de la baraja. Detrás de la mesa, tú mandas. Cada año el Gran Casino Nervión de Bilbao forma a unos 20 profesionales del póquer que después de su aprendizaje se incorporan a la bolsa de trabajo del centro.
«No es una opción que te planteas, surge sin más», confiesa una alumna de black jack, Amaia Valdenebro, licenciada en periodismo. La profesora, Estefanía García, explica que «esta no es una profesión que encuentras en la calle, sino que cada casino exige seguir su formación para imprimir en el crupier un cierto deje. Cada maestrillo, tiene su librillo». En su defensa, añade que las reglas del juego son las mismas en todos los casinos, pero lo que varía es el estilo de cada uno. «No nos enseñan a hacer trampas, si las supiéramos seríamos nosotros los que iríamos a un casino a jugar», agrega la alumna.
Desde su apertura, en 1996, el casino ha formado trimestralmente a sus empleados. Se necesitan al menos tres meses para aprender un solo juego, normalmente, de cartas. En este tiempo, no existe remuneración, aunque tampoco se paga la formación. Que es dura, cinco horas diarias de lunes a viernes. En el caso de la formación interna, necesaria para aprender el resto de los juegos, la jornada "escolar" se reduce a tres horas diarias, ya que a los alumnos se les presupone la habilidad necesaria para el manejo básico de las cartas. Es el momento también de aprender los juegos de ruleta, que exigen un cálculo mental ágil y un contacto previo con las apuestas.

Horario nocturno,sueldo generoso
«Con tres o cuatro años de antigüedad, un buen crupier lleva a casa unos 1.500 euros netos», asegura el responsable de recursos humanos del Casino Nervión, Evaristo Aldaz. Claro que tampoco es fácil llegar a convertirse en crupier. De entre los 300 últimos currículums que le dejaron sobre la mesa durante la última tanda, en marzo, sólo 8 personas, casi todas menores de 25 años, superaron la entrevista personal y el periodo de formación.
«Dar con el perfil adecuado es complicado, aunque al final, prácticamente se trata de una autoselección. Treinta y dos alumnos empezaron el primer día de escuela; el segundo, quedaban la mitad», añade. En los diez años de historia del casino, esta escuela ha formado a unos 200 ases de la baraja. «Algunos se han marchado a otros casinos del Estado, más próximos a su lugar de origen, pero la mayoría de los que nos han dejado se han ido porque han encontrado un trabajo relacionado con sus estudios iniciales».
No obstante, esta profesión engancha. «¡Quién me iba a decir hace unos años que acabaría siendo crupier y profesora de crupier!». Pero Estefanía García sigue sin saber cómo explicar por qué le encanta su trabajo: «Me gusta más trabajar de noche que de tarde, conoces a gente interesante, aprendes a captar la esencia de las personas enseguida, porque cuando hay dinero de por medio... Y sí, a veces, esta profesión tiene algo de glamour, pero no siempre, ¿eh?». El casino abre de cinco de la tarde hasta las cinco de la madrugada, momento en que cierra al público y sus clientes deciden si quieren seguir jugando a puerta cerrada, hasta las siete de la mañana.

Paciencia y seriedad detrás de la mesa
«Detrás de una mesa, lo más importante es tener mucha paciencia. Trabajamos en el sector del ocio y nuestra misión es entretener, aunque la gente se esté jugando el dinero. No se puede notar que tienes un mal día, debes recibir al jugador siempre con una sonrisa y ofrecerle, al mismo tiempo, un trato respetuoso y serio». La profesora se maneja con soltura tanto en clase como en las mesas del casino, que imponen. «El primer día», narra Amaia, «iba muy lenta a la hora de pagar, y los clientes lo quieren rápido, pero el jefe de mesa te ayuda en todo momento».
En cada una de las mesas trabaja un crupier y, entre mesa y mesa, una persona del casino controla en todo momento las jugadas, los clientes y los propios crupiers. El "árbitro". «Debes estar totalmente concentrada, por eso no puedes trabajar más de 80 minutos seguidos». Pasado este tiempo, el jefe de mesa manda a los crupiers a la sala de descanso, donde pasan 20 minutos antes de volver al juego.
De momento, los alumnos que ahora terminan su periodo de formación en black jack (como el siete y medio pero a veintiuno y con seis barajas para siete jugadores), trabajan a media jornada en el casino mientras pasan tres horas cada tarde en la escuela de crupiers. Sus primeros pasos.
«Antes era camarera, hasta que vi el anuncio y probé suerte. Estudié hostelería, pero éste es un trabajo muy interesante y más sencillo de lo que parece», asegura Elena González, de 23 años y de Barakaldo. Las seis barajas que mezcla sobre el paño, «siempre sobre la mesa, nunca entre las manos», recuerda la profesora, se deslizan con suavidad y caen como fichas de dominó. Una tumba a la siguiente cuando ella las arrastra con el dedo. «La habilidad en las manos se coge, lo que todavía no controlo son los clientes. Cada uno es diferente y aún me confundo», por eso persevera.
Gabriela Costa, la más joven de todas, con 19 años (aunque 18 son suficientes para entrar en la escuela de crupiers), también se ve «trabajando en esto». «Al principio resulta un poco aburrido, pero sales a mesa y todo cambia». Antes, esta portugaluja trabajaba de comercial, pero una vez se ha habituado a la noche, las cartas le tiran más. «Mira», insiste Amaia, «de momento esto me ha dado trabajo; el periodismo, poco». Y todavía es capaz de resumirlo más: «La vida da muchas vueltas».
El casino de Donostia también ha formado a una veintena de crupiers durante 2004 y 2005, aunque desde hace un año, por tener cubiertas las necesidades, no ha vuelto a abrir la escuela.
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