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Vuelven los reyes católicos
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Afirma la autora que la unidad de España, que tanto preocupa últimamente a los obispos españoles, no es una cuestión de fe, sino de la política
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Carmen Torres Ripa
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La unidad de España es un tema que preocupa a la Iglesia. Es tan rocambolesca esta situación que todos los partidos nacionalistas e independentistas quedan excluidos de esa eternidad pacífica que promete la religión.
Estoy francamente desconcertada porque yo creo firmemente en el después de la vida, pero, a ese después, no quiero ir acompañada por algunos prelados. Ya no hablan ni de paz ni de perdón, ni de tantos temas morales que hay en este mundo del Señor. Es un asunto político el que se sobrepone a los problemas que puede tener ahora el episcopado español.
Tengo la sensación de una vuelta al pasado. Los fantasmas parecen bailar alrededor de un fuego extraño. Un fuego que no da calor y nada tiene que ver con el solsticio de verano y la noche de San Juan. Hay poca magia en esta hoguera, como el título de la novela, de las vanidades. El espíritu ha pasado a un lugar inferior. Otros ideales menos nobles ocupan el panorama eclesiástico. Vuelven las sombras. Vuelven los pendones, las banderas y los aguiluchos. Vuelve Isabel y Fernando. Se han reencarnado en una pareja de obispos.
Estoy asustada. Tan asustada como cuando oigo la posibilidad de canonizar a Isabel la Católica. Una reina que para conseguir la unidad de España liquidó a todos los judíos que encontraba en el camino y pisoteó la cultura árabe. Una cultura que desapareció de este rincón del planeta para siempre. Cuando contemplé en Damasco la mezquita de los Omeyas pensé en cuánto se había perdido, no sólo en Granada. Esta península, al sur de Europa, hubiese sido un reducto de belleza de "Las mil y una noche". España se quedó sin cientos de cuentos sin escribir en la piedra. Felizmente los árabes nos dejaron La Alambra, la mezquita de Córdoba… Pero la reina Isabel se empeñó en no cambiarse de camisa hasta que los moros abandonaran sus supuestos territorios. Quizá fue el mal olor lo que arrojó a los judíos de España. Si los historiadores se dedicaran a investigar los pasajes oscuros, posiblemente vieran que era más fácil ir de conquista en conquista que adivinar que se escondía detrás de cada guerra (tenemos experiencia en guerras cercanas), detrás de cada descubrimiento, incluido el de América.
No hace mucho oí una apasionante historia que puede parecer pornográfica. Describía los supuestos amores de Isabel con Cristóbal Colón y los beneficios que se desprendían de aquella conquista americana. La iglesia, el navegante y la católica reina debieron de vivir una conjunción astral. Todos salieron enriquecidos y, además, la soberana maceró su camino a la santidad. ¿Qué hay detrás de tantos montajes?
De los últimos tiempos de rápida subida a los altares veo con claridad a una mujer menuda que brilla. Su cuerpo delgado y pequeño desprende una aura blanca. Un resplandor que vieron en realidad quienes la visitaron en la India. Ella sí merece un sitio de honor en el santoral. La Madre Teresa de Calcuta -no lleva un sobrenombre piadoso, sino la ciudad donde reinó entre los pobres- no buscó nada. Dio todo por los demás. No creo que dentro de su subconsciente de bondad se escondiera un "Dios me lo pagará con creces". Quiso a los desfavorecidos de la India porque en ellos encontró la divinidad de Dios.
La unidad de España y temas parecidos no son cuestiones de fe. ¿Cómo se puede confiar en la honorabilidad del Vaticano, si sus representantes ocupan su pensamiento en asuntos tan frívolos? Creo que a Dios le da lo mismo que seamos españoles, franceses, vascos, irlandeses, catalanes o italianos. Al margen de los nacionalismos siempre tiene que estar la bondad del corazón humano. |
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