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Lehmann firma un autógrafo a un aficionado a través de los barrotes del hotel. Afp |
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Suecia examina la paradoja de los anfitriones
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Alemania se encomienda a su sorprendente poder ofensivo para acceder a los cuartos de final
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Jon Larrauri Bilbao
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Allianz Arena
la afición alemana está viviendo ‘‘su’’ Mundial con una ilusión inusitada. Lo que antes de la cita futbolística era un cúmulo de dudas, ahora se ha convertido en una euforia desbordante fruto del paradójico rendimiento de los de Jürgen Klinsmann. Y es que la ‘‘Mannschaft’’ está sorprendiendo a propios y extraños por su actuación en este evento, brillante a la hora de buscar la meta rival y renqueante en ocasiones a la hora de tapar la suya. Vamos, el mundo al revés teniendo en cuenta lo que acostumbraba esta selección hace fechas muy escasas. Los de Klinsmann han demostrado una autoridad impresionante en la primera fase, en la que sólo mostraron dudas en el partido inicial ante Costa Rica. Los desajustes defensivos de ese choque fueron rápidamente subsanados y Alemania ha pasado a ser un rodillo que hoy deberá hacer frente a una Suecia que no ha acabado de convencer en la fase de grupos (tres goles en otros tantos partidos en un combinado que prometía calidad ofensiva a raudales).
Seguridad contra dudas. Ése podría ser el resumen del partido, pero cuando en un Mundial comienza el momento de las eliminatorias directas de nada vale remitirse a lo pasado. No es nada sencillo jugar con la espada de Damocles en forma de eliminación sobre la cabeza de uno, por lo que el aspecto moral será fundamental, pero el aspecto futbolístico se inclina a día de hoy a favor de los teutones. Klinsmann ha encontrado un once tipo que juega de memoria -laterales muy ofensivos, búsqueda de los puntas con balones largos y defensa adelantada- y tiene a Miroslav Klose en estado de gracia. El ‘‘nueve’’ del Werder Bremen, al que ayer se le relacionaba con el Real Madrid y el Manchester United, es un auténtico ‘‘killer’’ y hoy puede aprovechar las acometidas de Lahm y Schweinsteiger por el flanco izquierdo, lugar por el que Suecia alinea a un Alexandersson que hasta el momento no ha convencido. Además, el equipo respira un estado de seguridad que ha llevado al seleccionador ha asegurar que «no llegar a semifinales sería una catástrofe».
Por su parte, Suecia no ha demostrado hasta el momento todo lo que se le presuponía. Su juego ofensivo es demasiado plano y previsible y su estrella, Zlatan Ibrahimovic, ha visto mermado su rendimiento por culpa de sus problemas físicos -Lagerbaeck espera poder contar hoy con él tras reservarle ante Inglaterra; en caso contrario alineará a Allback-. Así las cosas, por lo visto en la primera fase, sobre todo en el choque contra Inglaterra, parece que el mayor peligro del combinado escandinavo estará en las jugadas a balón parado -los germanos las han estado preparando en las últimas jornadas- y en alguna genialidad que pueda salir de las botas de Larsson y Ljungberg, sus hombres más verticales hasta el momento. |
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