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David Odonkor, centrocampista alemán que milita en el Borussia Dortmund, controla un balón en su debut con la absoluta. Archivo |
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Odonkor
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El medio alemán, que estuvo a punto de quedarse paralítico a los 15 años, es capaz de correr los 100 metros en 10,7 segundos
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Jon Larrauri Bilbao
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La gran sorpresa de Klinsmann
david odonkor es un ‘‘rara avis’’ dentro de la selección alemana, no tanto por su color de piel -no es el único jugador negro del combinado de Jürgen Klinsmann, ya que le acompaña Gerald Asamoah, el primer jugador de color en vestir la camiseta de la ‘‘Mannschaft’’- sino por sus características como jugador. En un cuadro que destaca por su fortaleza física y su motor diésel, el centrocampista del Borussia Dortmund representa el turbo, esa sexta velocidad de la que hasta el momento carecía el combinado teutón. Fue ésa precisamente la razón por la cual Klinsmann decidió dejar fuera del Mundial a un delantero contrastado como Kuranyi para apostar por un jugador de 22 años que aún no había debutado en la selección. «No tenemos otro jugador como él. Nos aporta la velocidad suficiente como para llegar a la línea de fondo y centrar», dice de David el técnico. Parece que el tiempo le ha dado la razón. En los tres partidos que ha disputado como internacional, dos de ellos en el Mundial, Odonkor lleva ya tres pases de gol, el más importante de ellos el que le dio a Neuville en el choque ante Polonia, que significó el 1-0 con el que Alemania certificó su pase a octavos. En ese choque, en el que saltó al campo en el minuto 64, estuvo a punto de lograr también su primer gol, pero el árbitro lo anuló por fuera de juego.
La velocidad de este futbolista de 22 años ha enamorado a la afición alemana y le ha valido apodos como ‘‘Speedy’’, dedicado por la prensa de su país, o ‘‘Ben Johnson’’, como conocen sus compañeros del Borussia al que es, sin ninguna duda, el jugador más veloz de la Bundesliga. Y es que se dice que Odonkor es capaz de correr los 100 metros lisos en 10,7 segundos, marca con la que sería aspirante a medalla en un Campeonato de España. El jugador asegura que nunca ha medido oficialmente su marca, pero reconoce que «me imagino que andará por ahí, aunque nunca pensé en dedicarme al atletismo. Siempre tuve claro que lo mío era el fútbol». Su bajo centro de gravedad (mide 1,72 y pesa 74 kilos) y su centelleante velocidad le convierten en un peligro constante. Y eso que a los 15 años estuvo cerca de quedarse paralítico tras sufrir un accidente de bicicleta en el que se fracturó la sexta vértebra cervical.
Odonkor nació el 21 de febrero de 1984 en Bünde, en las cercanías de Bielefeld. Hijo de madre alemana y padre ghanés, sus progenitores se separaron cuando él tenía siete años, fecha desde la que no ha vuelto a ver a su padre. David superó ese trauma jugando al fútbol en la calle, y a los 9 años entró en el Bünder SV, desde donde pasó a las categorías inferiores del Borussia Dortmund, debutando en el primer equipo el 3 de marzo de 2002 ante el St. Pauli. También ha sido internacional con Alemania en todas las categorías desde las Sub’19. Pudo haber jugado con Ghana, pero Odonkor rechazó la invitación señalando que «sólo he estado una vez en ese país. Fue con cinco años y no recuerdo nada. Además, yo nací en Alemania y no entiendo su idioma».
Aficionado al baloncesto y al tenis de mesa, fan de Ronaldo, y ‘‘adicto’’ a la música (africana, el hip-hop y el reggae), ha encajado muy bien en la absoluta, en la que comparte bromas y risas con Schweinsteiger, Podolski y Jansen, a los que conoce de la Sub’21. Asegura que la persona que más admira en el mundo es su madre -en el antebrazo izquierdo lleva tatuada la sentencia ‘‘Credo Deum et Familiam’’ (creo en Dios y en la familia’’-, quien todavía anuncia a bombo y platillo al vecindario cuando David sale en la televisión y se encarga de guardar todos los recortes de prensa que hablan de él. Además, no duda en reconocer que una de las mayores ventajas de ser futbolista es que se gana mucho dinero. «Aún no me puedo permitir un Mercedes SL o un Porsche, me conformo con un Audi A3. Pero tampoco soy de los que se gastan 500 euros en unos pantalones. Los más caros que tengo son de 200», reconoce. |
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