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18-07-2006
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India, 11 de julio
Robert Scarcia
Nadie duda que los atentados que han provocado 200 muertos y 700 heridos en Bombay, la capital económica de la India, son en parte una prolongación del conflicto sobre Cachemira que opone Nueva Delhi a Pakistán. Acto seguido, el primer ministro indio Mahmoon Singh acusó al Gobierno de Islamabad de «sustentar e inspirar a los terroristas» y, como en un guión escrito de antemano, llegó la contesta del Gobierno paquistaní de Parvez Musharraz que rechazaba las acusaciones. Salta a los ojos que los atentados de Bombay tienen un carácter simbólico: ocurrieron el día 11 como el 11-S en EE.UU., y el 11-M en Madrid, y en el mes de julio como el año pasado en el metro de Londres. No sorprende entonces la noticia de la creación de una célula de Al Qaeda en Cachemira.

Sin embargo, habría que destacar algo más en esa tragedia que hizo tantas víctimas civiles el 11 de julio pasado, en Bombay. Efectivamente, ningún análisis sobre el tema de los ataques terroristas de "matriz islámico" en la India sería completo si no se subrayara la particularidad de la comunidad musulmana y de los daños políticos e intercomunitarios creados por la subida del fundamentalismo hindú en un país que se define como "la mayor democracia del mundo".

Los musulmanes de la India son una minoría confesional: ahí está la condición de partida. En ese sentido, los musulmanes de la India (y los de China occidental) son una excepción en el mundo islámico. No es lo mismo pertenecer a una minoría confesional profesada por el 15% de la población total, en un país que cuenta más de un billón de personas, que ser parte de la confesión mayoritaria, lo que es la regla en el mundo musulmán, desde Marruecos hasta Indonesia.

La consecuencia de dicha vivencia minoritaria es evidente: los grupos radicales fundamentalistas islámicos no barajan siquiera la posibilidad de poder conquistar el poder. Durante las seis décadas de la independencia las reivindicaciones de los musulmanes de la India iban en el sentido de la búsqueda de un encaje comunitario en la realidad compleja, multinacional y plurirreligiosa de India. A la condición minoritaria se suma otra realidad estructural e histórica propia de los musulmanes de la India: a menudo se trata de conversos Dalit, o sea gente proveniente de las castas más bajas de la religión hindú. En el contacto entre confesiones distintas, los rasgos culturales de la antigua religión sobreviven a menudo en el converso. Ya se sabe, por ejemplo, que en el cristianismo del sur de México se encuentran rasgos pertenecientes a religiones precolombinas y en el del nordeste de Brasil a antiguas creencias africanas. Los musulmanes de la India son, en gran parte, los descendientes de los "intocables" de la tierra india, víctimas, desde tiempos inmemorables, de prejuicios sociales y económicos. El estoicismo de los antiguos Dalit sigue expresándose a través de su expresión de la fe musulmana y dicha expresión nada tiene que ver, por ejemplo, con el perfil combatiente de los mujaheddin afganos...

Habría que recordar a dicho propósito, que el atentado más mediatizado de la historia de la India, que en 1984 costó la vida a la antigua primer ministra federal Indira Gandhi, no tenía nada de "islamista" sino que fue reivindicada por los grupos radicales de los Sikh que querían vengar "la violación" de su templo de Armistar por la policía. La multiplicación de los atentados islámicos en la India se produce después de haberse impuesto el fundamentalismo hindú en las últimas décadas. En 1992, una masa de fieles, manipulados por las corrientes más reaccionarias del fundamentalismo hindú, destruyeron la mezquita de Babri Masijid en la localidad de Ayodha. La mezquita se encontraba en el sitio donde, supuestamente, había nacido el dios hindú Ram. Desde entonces, la India ha conocido violencias intercomunitarias entre hindúes y musulmanes de intensidad inédita desde la partición de 1947 y caracterizadas por verdaderas olas de persecución contra los musulmanes.

El reflejo condicionado de mirar a Pakistán para explicar los atentados de Bombay no basta. Esperemos que el gobierno federal de la India dirigido por el Partido del Congreso, que fue del Mahatma Gandhi y de Nehru, lo tenga claro...
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