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Txomin Artetxe perdió a numerosos amigos en el campo de batalla. Iban Gorriti |
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Un abertzale en el bando de los nacionales
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Txomin Artetxe vivió en primera persona el alzamiento militar protagonizado por el bando rebelde y fue obligado a combatir a las órdenes de Franco
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Unai Muñoz Bilbao
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Han pasado ya setenta años de aquel 18 de julio de 1936 en el que el general Franco se puso al mando del Alzamiento Militar que dio comienzo a la Guerra Civil española y que derivó en tres décadas de dictadura que tuvo como rasgos más destacados la falta de libertades y la represión. Bizkaia y Gipuzkoa aguantaron los primeros envites de las fuerzas nacionales, mientras que Araba y Nafarroa cayeron del bando fascista. En Euskadi fueron muchos los gudaris que se unieron al bando republicano para luchar codo con codo contra los nacionales, en un intento por defender el régimen democrático que protagonizó la II República.
Cientos de gudaris murieron en su intento de derrotar al movimiento nacional, pero otros no tuvieron opción de luchar por sus ideales y vieron el conflicto desde el bando rebelde. Es el caso del vizcaino Txomin Artetxe, que a sus 92 años aún recuerda los malos momentos que vivió en el campo de batalla. «El Alzamiento me pilló haciendo el servicio militar en Ceuta y no tuve más remedio que luchar con el bando rebelde. En esos momentos todo aquel que se posicionó en contra de Franco fue fusilado», resalta.
Txomin Artetxe se considera un gudari en la sombra, porque aunque por determinadas circunstancias nunca combatió en el bando leal al régimen democrático, asegura que si llega a estar en el momento del Alzamiento Militar en su Arantzazu natal, él hubiese sido «uno de los primeros» que habría cogido un arma para enfrentarse a los rebeldes. «La pena es que la Guerra Civil me cogió haciendo la mili», indica Artetxe, que, aunque estuvo a las órdenes del bando ganador de la contienda, no pasó unos buenos momentos.
Artetxe fue trasladado de Ceuta a Cáceres y formó parte, «por la fuerza», de un contingente de 5.000 hombres que combatió contra los republicanos. «Yo fui uno de los primeros afiliados del PNV y no podía creerme que estaba en el campo de batalla cumpliendo órdenes de los franquistas. No tenía más remedio, pero aún me duele».
Pero el futuro de Txomin Artetxe cambió en Brunete, donde este vizcaino fue capturado por las tropas republicanas. «Caí preso y me llevaron a la cárcel de Valencia. Estuve más de veinte meses encerrado y desconocía todo lo que estaba sucediendo en Euskadi. Hasta que no terminó la Guerra no recuperé la libertad y lo que me encontré al salir no era lo que esperaba», recuerda Artetxe.
«En prisión pasé mucha hambre y no sabía si iba a ser fusilado. Fueron momentos muy malos y no entendía cómo podía estar allí. Yo estaba en contra del franquismo y apoyaba el régimen democrático que protagonizó la II República», lamenta este vizcaino, que setenta años después del Alzamiento Militar aún se emociona recordando su cautiverio.
De vuelta a casa
Al finalizar la Guerra Civil, Txomin Artetxe pudo volver a su Arantzazu natal, aunque el chaval que cuatro años antes marchó a Ceuta para cumplir el servicio militar nada se parecía al hombre desnutrido y afectado por la sarna que regresó a casa. «Al llegar al pueblo nadie me conocía y yo tampoco quería que me identificaran. Me daba mucha pena todo lo que había pasado pero yo me vi arrastrado por la guerra», señala.
«Mis padres me daban por muerto y nadie se creía que podía estar vivo. Cuando llegué a casa todo fueron abrazos y nadie me preguntó nada. Todo el mundo conocía mi ideología y sabían que si tuve que combatir del lado nacional fue por las circunstancias del momento», indica Arte- txe, que pasó más de cuarenta días en la cama para recuperarse de sus heridas.
Una vez pasada la resaca del regreso, Artetxe se enteró de que muchos de sus amigos perdieron la vida luchando en el Ejército que formó el Gobierno vasco liderado por el lehendakari José Antonio Aguirre, y recuerda unas palabras que su madre le pronunció: «Prefiero que hayas luchado con el bando de los ganadores porque si hubieses estado aquí (en Arantzazu) habrías sido el primero que se hubiese enfrentado a los nacionales».
Los años posteriores a la contienda fueron muy duros en todo Euskadi y para Txomin Artetxe también. «Los chivatos y los que apoyaban el régimen de Franco nos hicieron la vida imposible pero nosotros nunca renunciamos a nuestras ideas», apostilla. |
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