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20-09-2006
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Nuevos retos de la izquierda vasca
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Nuevos retos de la izquierda vasca
Antxon Belakortu
Los cambios producidos en el mundo en los últimos años y también los que estamos viviendo en Euskal Herria llevan a la izquierda vasca a mirar al futuro encarando nuevos retos. Si en el ámbito de las reivindicaciones nacionales el camino está marcado, puesto que el abc de la política de izquierda es el reconocimiento de la autodeterminación, en el marco de las reivindicaciones sociales se abren nuevos retos.
La caída del muro de Berlín y la pérdida de sentido de la llamada "lucha de clases" han modificado los retos de la izquierda, de esa izquierda que durante décadas se ha dividido en dos ramas: la que postulaba por la revolución, que se vino abajo con el fracaso del sistema de los países del este, y la socialdemocracia, que opta por trabajar desde el sistema para conseguir una sociedad más justa introduciendo medidas sociales correctoras. Esta segunda línea, la socialdemocracia, es la auténtica heredera del pensamiento progresista, ahí están los casos de Brasil, Chile, Argentina y Venezuela. Pero esta izquierda tiene un enemigo que no es la lucha de clases, sino el neoliberalismo y el gran capital.
El nuevo capitalismo tiene sus propias señas de identidad y su mayor característica es que el mercado está controlado por grandes multinacionales que quieren campar a sus anchas más allá del ámbito económico y se vertebran con centros de poder, hasta el punto de que no dudan en ejercer la violencia para conseguir más mercados que repartirse. El ejemplo más cercano es el de Irak, donde tenemos una guerra que se articula con el objetivo de poner en el mercado el petróleo que escapaba del control del gran capital. En esta situación todos pagamos, los iraquíes los primeros, pero también nosotros, que pagamos a través de los impuestos esta guerra y el petróleo, y hay unos grandes beneficiados, las grandes multinacionales, que ahora se reparten el petróleo de Irak.
Teniendo claro el cambio de concepto, -cambiar la vieja lucha de clases por lucha contra el gran capital, que quiere controlar desde la agricultura hasta el ocio-, los retos están claros y en mi opinión son fundamentalmente tres: la sostenibilidad medio ambiental, la sostenibilidad social y el antimilitarismo.
Los transgénicos, el petróleo y la esquilmación de los recursos naturales muestran el poco interés que tiene el medio ambiente para las grandes multinacionales. La izquierda debe tener claro que la sostenibilidad es un objetivo irrenunciable y que consiste en dejar a nuestros hijos e hijas el mundo en el mismo estado en que nos lo dejaron nuestros abuelos. Debemos vertebrar un sistema donde los aspectos clave como el usos racional del agua, la gestión inteligente de nuestros residuos y el consumo y generación de la energía estén en las agendas de nuestros gobiernos. En la CAV podemos decir que es así, que la labor del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, ha hecho posible que la gestión de estos aspectos claves se haga cada vez con mayores criterios de sostenibilidad.
La sostenibilidad social es seguramente la principal seña de identidad de la izquierda y tan importante el fondo como las formas. Es decir, tenemos que tener claro que todas las personas -todas, hayan nacido donde hayan nacido y vivan donde vivan- tienen el derecho de disponer una renta mínima que les permita vivir dignamente. Como en el ámbito medioambiental, podemos decir que el Departamento de Justicia que dirige Joseba Azkarraga ha dado pasos importantes en este sentido, de forma que a día de hoy se ha conseguido una gestión eficaz y ejemplar. Pero la sostenibilidad social necesita medidas más amplias para garantizarla, fundamentalmente el control fiscal de los movimientos de capital, es decir, los países ricos que ponen muchos obstáculos al libre movimiento de personas, exigen la libre circulación del capital, y la sociedad tiene el deber de fiscalizar los grandes movimientos internacionales de capitales y que parte de ellos revierta en la sociedad.
No es ajeno a esta red de intereses todo el asunto de las deslocalizaciones, que también en Euskal Herria estamos comenzando a padecer. A las grandes empresas no les interesa que los países subdesarrollados prosperen, quieren que haya países pobres donde producir barato y países ricos donde vender caro. Urge instaurar un tributo que fiscalice los grandes movimientos de capitales internacionales, algo como la Tasa Tobin, ésa que propone un pequeño gravamen por el movimientos de capital entre países.
El gran capital no quiere que se le controle, pero es algo que es indispensable hacer. Voy a contar un ejemplo, simple pero clarificador, para enseñar la cara del gran capital. Cuando el alcalde de una pequeña población de El Salvador llamada Nejapa, hermanada con Gasteiz, nos visitó, nos contó su amarga experiencia con el todopoderoso grupo Coca-Cola. La multinacional se instaló en Nejapa y produce en Nejapa, pero sus trabajadores son todos estadounidenses y la empresa no paga impuestos. La única opción que el pequeño pueblo salvadoreño tenía para reclamar los impuestos era acudir a los tribunales de Estados Unidos. Evidentemente, eso es absolutamente inviable, porque el Ayuntamiento de Nejapa no tiene dinero para ir a los tribunales del imperio a reclamar los impuestos que en justicia les corresponden y que tanto necesitan sus habitantes. La verdadera cara de las grandes multinacional nada tiene que ver con la cara amable sus anuncios televisivos.
La tercera clave para el trabajo de las formaciones de izquierda es la lucha contra el militarismo en el que se apoyan países como Estados Unidos: un Estado que invierte cantidades ingentes de dinero en los ejércitos, es un país que no piensa en su ciudadanía. En el Estado español se destina un euro por persona y día para esa supuesta defensa. Las guerras son grandes montajes económicos, que nada tienen que ver con las poblaciones civiles ni con la seguridad. ¿Quién se cree a estas alturas que la guerra de Irak tuvo otro objetivo que no fuera el negocio del petróleo? ¿Quién se cree que los Cascos Azules no están al servicio de los poderosos? ¿Dónde está la comunidad internacional en otros conflictos? En el planeta existen mas de 90 conflictos armados, de los que sólo interesan los de Irak e Israel, como colonia del capital en las tierras del mercado del petróleo.
Por lo tanto, los partidos de izquierda deben trabajar por tejer redes de países que basen su relación en la solidaridad y la cooperación, no en el negocio, y por procurar la desaparición total de los ejércitos para destinar ese dinero a el bienestar de sus ciudadanos.

Antxon Belakortu es portavoz de EA en el Ayuntamiento de Gasteiz
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