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Los locales de venta de hamburguesas serían los más perjudicados por la aprobación de la ley. Archivo |
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La "Ley Manteca"
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La Junta de Salud de Nueva York acaba de aprobar una propuesta de ley que prácticamente prohibirá las grasas artificiales en los más de veinte mil establecimientos de hostelería de la ciudad.
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Imanol Basaraz
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El "prohibido prohibir" del 68 no cruzó el Atlántico desde Francia como la Libertad, que es una estatua regalada en su día por los franceses a los Estados Unidos. Hace ya siglos. Y ahí sigue. La estatua. Sin embargo, la imaginación... Ahí sí que andan por aquellos mayos. ¡La imaginación que tiene el poder para prohibir cosas! Nueva York, por ejemplo, ha pasado de la Ley Seca de principios del siglo XX a la caza y captura del fumador desde hace ya décadas y, ahora, acaba de decretar la guerra legislativa al colesterol, es decir a las grasas artificiales de los alimentos, en lo que los neoyorquinos, no sin sorna, han empezado de denominar ya la "Ley Manteca".
No es broma. La Junta de Salud de Nueva York acaba de votar por unanimidad un proyecto de ley para prohibir a los veinte mil restaurantes de la ciudad servir comidas que contengan un alto porcentaje de grasas artificiales ya que, al parecer, son causa de un mayor riesgo de enfermedades cardíacas... además de la enfermedad de la obesidad que asola no sólo a Nueva York. La ley, de ser aprobada finalmente el día 30, afectaría a toda su industria de la gastronomía, desde McDonald’s hasta los restaurantes más sofisticados, que no podrían superar el límite del medio gramo de grasas artificiales en sus alimentos. La idea, que Chicago también está estudiando para determinados establecimientos, tiene su aquel en Estados Unidos: una ración de patatas fritas, por sí sola, tiene ocho gramos.
La propuesta, claro, ha levantado una corriente de indignación entre los dueños de establecimientos culinarios ya que si finalmente es adoptada en diciembre, tendrán hasta julio del año próximo para eliminar aceites y margarinas de sus recetas. Pero también el resto de la humanidad puede echarse a temblar: hace tres años, Nueva York prohibió fumar en restaurantes. Hoy, la medida ha sido imitada por innumerables ciudades en EE.UU... y en todo el mundo. |
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