|
|
|
La ciudad subterránea
|
 |
|
Xabi Larrañaga
|
 |
Cuando escribo estas líneas en el cajero de la BBK sólo quedan 92 entradas para ver a Isabel Pantoja en la Plaza de Toros. Por el precio de un menú, 10 euros, Asier Bilbao y otros miles de paisanos tendrán ocasión de gozar y cantar junto a la Britney Spears de la copla. Ojalá no sufran otros, la misma noche, con las cantadas de los cantarines en un campo de fútbol. Ya de paso me entero de que para el concierto de David Bustamante aún quedan 753 entradas en taquilla. La cifra exacta no importa: será otro montón de bilbaínos el que ligue hoy y pegue botes con el eterno feliciano de San Vicente de la Barquera. No quiero acabar en los tribunales ni en Salsa Rosa, pero de tan contento parece que desayuna zumo de tripis y risas enlatadas. Si todavía tiene usted dudas no se preocupe por la economía familiar: podrá asistir al sarao del cántabro soltando tan sólo 6 euros, una migaja comparada con los 48.000 euros que cobra la franquista Carmen Martínez-Bordiú por cada aparición en "¡Mira quién baila!". A ocho millones por programa, a ver quién no baila a gusto con la más fea, en este caso la patosa democracia. Pues sí que tenemos tragaderas...
Según una reciente encuesta, el español más popular es Julián Muñoz, un pícaro y tierno marbellí. El segundo puesto en el podio de la fama lo ocupa nuestra ilustre visitante, la triste tonadillera. El presidente Zapatero se ha debido conformar con el tercero, y gracias. Ignoro cuántos de los asistentes al concierto irán impulsados por esos morbos carcelarios o chismes de alcoba y cuántos lo harán atraídos por el arte o las gárgaras de la cantante. Sea por H o por B, y jamás por HB, en estas citas emerge de las catacumbas esa ciudad olvidada en nuestros medios públicos, ese Bilbao nada oficial y más denso de lo que creemos. Quien al describir tales multitudes habla con desprecio de la población inmigrada cae en el mismo error que quien habla de invasores carlistones para señalar con mala uva a los euskaldunes de la Villa. Puesto que el bilbaíno nace donde le place, andar separándonos a estas alturas por el origen o el acento provoca bastante hastío y una infinita pereza.
O sea, que aquí cabemos todos y que a algunos se les da muy poca cancha en los papeles y cámaras de este país en permanente construcción. A mí no se me enamora el alma ni soy marinero de luces, pero merece un respeto el vecino que con esas cosas se emociona y hasta corteja a la vecina. Otro día recordaremos a las Vulpess, porque aquí, repito, cabemos todos.
Tierra a la vista |
|