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El islandés Gudjohnsen logra superar de esta manera a Lafuente y sube así el segundo tanto del Barcelona al marcador. Reportaje fotográfico Zigor Alkorta y Oskar Martínez |
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Una derrota de lo más normal
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El tranquilo debut de Ana Urquijo como presidenta se salda con una goleada del Barça ante un bravo Athletic que se adelantó con gol de Yeste y al que noqueó la expulsión de Casas
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Igor Camaño Bilbao
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PARTIDO PERDIDO, calma recuperada. Es el resumen del primer partido de la nueva era rojiblanca, el guiño de un encuentro que parecía un catálogo de gestos. Incluso antes de que rodara el balón. Primer gesto: mientras decenas de flashes maquillaban con destellos el rostro de la presidenta Ana Urquijo, José Luis Bilbao, diputado general de Bizkaia, señalaba hacia el campo como queriendo decir ahí, ahí abajo es donde está lo importante. No aquí. No le faltaba razón. Poco más podía pasar en el palco después de lo que ha pasado estas últimas semanas. Una pasada. Era hora del fútbol, de futbolistas. De dejarse de historias. De volver a ser un club normal. De que el Athletic encontrara de nuevo al Athletic. Y, rediós, qué gusto da escribirlo: parece que la ‘‘normalidad’’ ha vuelto a la institución bilbaina. Lástima que hayan sido necesarios tantos sacrificios y tanto sufrimiento. Acostumbrada a divorcios y funerales, La Catedral presenció ayer una boda: entre el equipo rojiblanco y el normal discurrir de las cosas. Aunque la normalidad tenga una definición difícil en estos días, normal es, por ejemplo, que el público se centre en animar a sus jugadores y que pase del palco; que use el pañuelo para lo higiénico y no para ondearlo ante nadie. Normal es, también, que los jugadores se partan la cara por conseguir los tres puntos, que Sarriugarte repita esquema y once respecto al encuentro anterior (con un único cambio, Etxeberria por Murillo), que se note que el equipo ya sabe a qué juega, que trasmita buen rollito y cierta tranquilidad por el futuro. Que tras cada gol rival la parroquia intente reconfortar a los suyos y no buscar un culpable de traje y corbata. Y normal es, para qué negarlo, que el Barça gane el partido. Es lo más normal del mundo. Por algo es el vigente campeón de Liga y de Europa. Entre otros méritos.
Así que perder ayer quizá fuera lo menos malo. El Athletic, al menos, cayó con dignidad. Y con absoluta normalidad. ¡Noticia! El partido se ajustó al guión como un guante a una mano. Los de Sarriugarte no podían esconderse. Su mal juego y su escasez de resultados han pesado mucho -una barbaridad- en la baja de Fernando Lamikiz. Si el equipo hubiera ganado sus partidos anteriores, el abogado seguiría en su cargo. Sin duda. La situación no hubiera soportado una espantada de la plantilla anoche. El Athletic no la dio. Como sugería la normalidad, los rojiblancos salieron con todo el corazón y el juego que tienen a por el partido. Achucharon mucho y bien, se esmeraron en los marcajes a Ronaldinho y Messi (a quien, pese a ello, no consiguieron robarle un balón), no escatimaron esfuerzo e hicieron lo que pudieron por firmar la machada. A esas alturas de la película, el guión siempre es el mismo: el Athletic se adelanta e invita a soñar a su gente. En este caso fue merced a un golazo de Yeste en el minuto once. El zurdo enganchó un balón de Llorente con todo el alma: un misil; destino, la red.
Cómo disfrutó la gente.
Sí. Disfrutó mucho, pero poco. Lo que no figuraba en el guión era la expulsión de Casas sólo ocho minutos después. El zurdo, que ayer volvía al equipo y lo estaba haciendo bien, vio la roja directa por una entrada a Gudjohnsen. Ahí se empezó a torcer la historia. El partido se salió del guión. Sarriugarte debió retirar a Llorente para colocar un perro de presa a Messi. Si resulta hacer frente al Barça con once, qué decir con diez. Mucho más. Pero mucho, mucho. Lo peor para los bilbainos fue que el duelo retornó al guión en la prolongación de la primera parte. Que empate el Barça es normal; que lo haga en ese instante, pica bastante más. Y de ahí en adelante, todo según lo previsto. Con normalidad. Con absoluta normalidad. Los culés se vinieron arriba, mandaron al poste el primer balón de la segunda parte, el Athletic se consumió en un querer y no poder (sólo una ocasión, un disparo de Gabilondo, en toda la segunda mitad) y las estrellas blaugranas marcaron otros dos. Lo normal. Estaba en el guión. El público despidió a sus futbolistas con cánticos de apoyo; los pitos y los pañuelos se los comió el árbitro. Más normal, imposible. Ya era hora. |
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