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Paul Ríos, coordinador general de Lokarri, en la sede de Bilbao de la Red ciudadana por el acuerdo y la consulta. Javier Balledor |
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Paul Rios Coordinador general de Lokarri
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«Este es el último tren que le queda a ETA para buscar una salida digna»
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Lokarri, la Red ciudadana por el acuerdo y la consulta, quiere poner su granito de arena en el éxito del proceso de paz. Desde hace meses trabaja para que no descarrile. Su coordinador general, Paul Ríos, solicita a Zapatero que sea más valiente y acerque los presos y a Batasuna, que recupere el espíritu de Anoeta. Al resto de partidos, todos ellos, que dialoguen.
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José Basurto Bilbao
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«El problema de fondo es que todavía no hemos creado un marco de comuni-cación entre los partidos» «No es conveniente ni necesaria la mediación internacional en el proceso de paz de Euskadi»
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Paul Ríos es un optimista nato. Desde hace meses lidera el movimiento social Lokarri en busca del acuerdo y la consulta. Y lo hace con el convencimiento de que el final de la violencia y la normalización política está cerca, a pesar del estancamiento del proceso de paz. Su receta para desbloquearlo es un diálogo multipartito y la constitución inmediata de una mesa de partidos.
¿Qué está sucediendo con el proceso de paz? ¿Sigue su curso o está estancado?
Nos encontramos en una situación de bloqueo, pero es algo normal en procesos de este tipo.
¿Por qué normal ?
Porque en todo proceso, al final se tienen que dar una serie de pasos de manera progresiva, simultánea o consecutiva, y llega un momento en que a la hora de dar nuevos pasos primero hay que definir un calendario de cómo se dan, y definir también el método para darlos. Y ése es el momento en el que estamos ahora.
¿Cómo se puede desbloquear esta situación?
Si fuésemos directamente a la cuestión de principios, tres hechos concretos deberían darse de manera simultánea: que ETA y el Gobierno español siguiesen hablando para que ETA mostrase su voluntad de pasar página a la etapa de la violencia; se tendría que dar un acercamiento de presos por una cuestión de respeto de derechos humanos, y también se tendría que legalizar Batasuna para que la formación abertzale pueda participar en situación de igualdad en todo el proceso de normalización. Y a partir de ahí, que se formara la mesa de partidos.
No son demasiadas cosas
Sí, pero el problema ahora está en que una cuestión tan lógica no es lo que suele funcionar en la política y entonces es cuando surgen las complicaciones.
¿Cuál es el problema?
El problema de fondo es que todavía no hemos creado un marco de comunicación estable entre todos los partidos políticos que no sea bilateral, sino multilateral. Uno en el que se pueda ir definiendo el calendario y el método para seguir avanzando.
El PP sigue sin querer entrar en esa dinámica. ¿Cree que al final se sumará al diálogo?
A corto plazo es muy difícil, por no decir imposible. Nuestro convencimiento es que el PP se ha embarcado en esta situación por una cuestión de mera desconfianza. Se ha sumergido en una espiral de negatividad continua y la ha ido retroalimentando a lo largo del tiempo. Al final, se ha encontrado en una situación en la que para ellos es muy difícil echar marcha atrás.
¿Qué se puede hacer para incorporar al proceso de paz a una formación que representa a una parte de la sociedad vasca?
Yo creo que lo se debe hacer es tratar de recuperar espacios de confianza con el Partido Popular. En ello tiene una gran responsabilidad el Gobierno de Zapatero, el resto de partidos y la sociedad también, pero eso implica que el Partido Popular muestre un mínimo de receptibilidad.
¿Ve factible esa posibilidad a corto plazo?
Nuestra esperanza es el medio de plazo, cuando se demuestre que detrás de este proceso no hay un precio político y el Partido Popular vea que es necesaria su presencia y participación.
Pero mientras tanto, sigue negándose. Esta semana se han quedado solo en el Parlamento Europeo.
Sí, la negativa del PP supone ir en contra de los tiempos.
¿La iniciativa europea de debatir sobre el proceso es un salto cualitativo en el camino hacia la paz?
La Unión Europea es una entidad que está tratando de venderse a nivel internacional como organismo que trabaja en favor de la paz y los derechos humanos, e incluso que trata de mediar en conflictos internacionales como el de Israel. Por eso, para la UE, el que se mantenga un problema como el que vive Euskal Herria es una "china" en el zapato para esa labor que quiere desarrollar. Por lo tanto, esperamos que la UE tenga inteligentemente una posición activa de apoyo al proceso de paz y de normalización.
¿Eso significa que la UE podría mediar?
No, simplemente que exista un apoyo político. Además, que en contra de todos el PP se mantenga en esa posición tan firme, la UE igual tiene la virtud de ponerle enfrente de su propio espejo y la formación se dé cuenta en qué realidad se ha situado y por dónde tiene que avanzar en los próximos meses.
¿Cree que podría ser positiva la mediación internacional?
De las experiencias internacionales se pueden coger recetas aplicables. Cuando se dan situaciones de bloqueo, el tener una perspectiva externa es muy interesante. Pero no creo que sea ni conveniente ni necesario que se produzca la mediación internacional. Nuestra clase política es suficientemente madura y capaz como para resolver el problema sin ayuda externa
Volviendo a esa mesa de partidos, hay quien dice que todos los trabajos deben realizarse con discreción y anunciar su composición cuando exista un acuerdo. ¿Está de acuerdo con esa tesis?
Lo primero que se debe hacer es llegar al acuerdo sobre el acuerdo, a las conversaciones sobre las conversaciones. Que se defina el calendario, la metodología y el procedimiento para que esa mesa de partidos pueda funcionar. Y que eso se haga entre todas las fuerzas políticas, que lo definan en cuatro o cinco folios y que a partir de ahí se den las condiciones para que la mesa de partidos pueda trabajar. Que luego el trabajo de la mesa sea discreto o público nos es indiferente.
¿Por tanto?
Lo que sí vemos complicado es que previamente a la constitución de la mesa de partidos se pueda llegar a algún tipo de acuerdo sobre el resultado de esa mesa. Eso parece una imprudencia. Para eso, no montes la mesa de partidos. Si al final asumes que tiene que ser un acuerdo trabajado entre todas las fuerzas políticas y, que además tenga participación ciudadana, es necesario trabajar con un método distinto.
Habla de participación ciudadano. ¿Está de acuerdo en el planteamiento que hizo el lehendakari de canalizarla a través de los municipios?
En principio, es un buen paso. Lo que pedimos es que ese proceso de participación ciudadana sea ambicioso y que halla medios suficientes para desarrollarlo, que llegue al máximo número de personas posibles porque, en ocasiones, como en otros procesos de participación ciudadana, se ha quedado en dinámicas muy limitadas que llegan solamente a élites sociales o bien que, por no poner medios suficientes, se ha quedado en agua de borrajas, que finalmente no se ha entendido muy bien para qué ha servido.
¿Esa participación puede fracasar por el hartazgo que hay en la sociedad sobre este tema ?
Es posible, porque ahora no hay un corazón movilizador. Ahora no se puede movilizar a la sociedad porque no hay temperatura social como para ello. La sociedad ha adoptado una postura que es muy comprensible: yo he trabajado muy duro para llegar hasta aquí, ahora la responsabilidad es de los partidos políticos, ellos son quienes deben canalizar el proceso.
¿Cree que el proceso es irreversible?
No voy a decir tanto como irreversible, porque es reversible. Pero más allá de esto, es el desierto. Para el resto de la sociedad, no. Pero para ETA y los que comparten objetivos estratégicos con ETA, queda un desierto político. Los trenes se paran en las estaciones, pasan y llegan a una vía muerta. Y este es el último tren que le queda a ETA para buscar una salida digna al uso de la violencia.
¿Que le diría al Gobierno español
Que hay que ser prudente y paciente, pero también un poco más valiente. Que no condicione tanto el desarrollo del proceso de paz al desarrollo del proceso de normalización. El Gobierno está condicionando demasiado la convocatoria de la mesa de partidos a que se den pasos en relación a las conversaciones con ETA. Son ámbitos separados.
¿También le pediría que acerque a los presos?
Por supuesto. Y que derogue la Ley de Partidos, así como que haga todo lo posible para se paralicen determinados sumarios que están abiertos en la Audiencia Nacional.
Y a Batasuna, ¿que le pediría?
Que recupere plenamente el espíritu de la declaración de Anoeta. Le pediría altura de miras sabiendo que hay cosas que serán difíciles de asumir por ellos, pero que son pasos necesarios para que este proceso siga avanzado y que ellos tienen mucho que ganar en este proceso.
¿Le solicitaría que condene la violencia?
El que hubiese un pronunciamiento más claro de lo que ha habido últimamente en relación al respeto de todos los derechos humanos de las personas sería un gran paso adelante. Una declaración de Batasuna es factible, y sería un paso importantísimo.
¿Y al resto de formaciones políticas?
Al conjunto de los partidos políticos, sin excepción, les diría que hagan un esfuerzo por empezar a trabajar de forma multilateral. |
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