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Cuando se cierra un "puticlú"
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Oscar Subijana
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¿ALGUNO DE ustedes sabe lo que pasa cuando se cierra un puti-club? Yo no, pero lo intuyo. Un negocio como ése no puede parar. Si la policía decide ejecutar una redada, como hizo ayer en pleno centro de Bilbao, y detiene a 16 personas entre encargados del local y prostitutas, todos creemos que el local de alterne se paraliza. Pues no. «El espectáculo debe continuar», que decía aquél. Pero ¿cómo? La intuición nos dice que si el dueño gestiona más locales (suele ser lo habitual) no tiene problemas. Tira de teléfono (si no está detenido) y pide prestadas chicas que trabajan en otro local. «¡Oye!, ¿te sobra alguna?, que me han dado palo», exige el gerente. Sí, así de crudo. Lo mismo puede hacer con los responsables del negocio. Traslado a alguno de los gerentes del local 2 al 1 y mantengo el atractivo sin merma. Podría ser más crudo en este relato de un trozo de la realidad diaria, pero prefiero guardármelo. En ocasiones, como ésta, es mejor modular el mensaje porque hay muchas personas que pueden malinterpretarlo. Sin embargo, no puedo ignorar el maltrato al que se ven sometidas muchas mujeres venidas de otros países, engañadas en su mayoría, y obligadas después a alquilar su cuerpo y a tragar (perdonen) sapos, culebras y... Es obligado denunciar que el trabajo más antiguo del mundo oprime, degrada, ofusca, inutiliza. Y que las receptoras de todo este mal organizado por hombres son mujeres. ¿Que algunas lo harán por placer? Que lo disfruten. Pero las que no deben ser respetadas, amparadas, protegidas. Y los que se salten la ley, a la cárcel. La policía debe ser rotunda en este tipo de actuaciones, porque hay mujeres que sufren un escarnio nunca comprendido suficientemente. |
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